Tal vez algunos lectores notaron la ausencia de mi colaboración el pasado martes. Ésta fue publicada ayer miércoles. Explicaré el motivo del retraso. Fui convocado a colaborar en el evento América celebra a Chespirito, cosa que hice con mucho gusto por tratarse de Roberto Gómez Bolaños, sin duda, el comediante más trascendente que ha dado la televisión mexicana. Me asignaron la creación y dirección de un sketch en el que participarán -escribo esto a unas horas de la grabación del programa- ocho imitadores de los personajes de la Vecindad del Chavo, provenientes de varios países de Hispanoamérica, ganadores de los concursos realizados en sus localidades.

Los participantes llegaron el pasado domingo. El lunes, con mi columna casi terminada, tuvimos la lectura del libreto que escribí. Lo que supuse nos ocuparía dos horas a lo sumo, se prolongó a más de cinco. Poco antes del cierre hablé con mi editora Arelí Quintero para explicarle la causa de mi retraso. Mi jefa me dijo que no me presionara, que al terminar lo que estaba haciendo concluyera la columna, ella vería la forma de publicarla un día después, cosa que hizo. Gracias.

¿Por qué un trabajo que imaginé nos tardaríamos dos horas en hacerlo se alargó tres más de lo previsto? Porque, entre otras cosas, me costó mucho trabajo tratar de igualar el tono de actuación de ocho actores sin ninguna experiencia escénica y, aunque obviamente ellos hablan español, la semántica de nuestra lengua varía de uno a otro país. Hacerles entender el significado exacto de lo por mí escrito se llevó su tiempo.

Un ejemplo de lo anterior: Si usted en Argentina en una tienda de gorras y sombreros le pregunta a una dependienta cuánto vale una cachucha, ésta, escandalizada, le dará el precio pero no la cachucha. Si en Venezuela una mujer le propone echarse un palito usted aceptará la invitación con mucho gusto pensando en la cama en la que se realizará el acto, luego se desilusionará al enterarse de que el palito que la chica propuso es tomarse una copa y no lo que usted pensó. La desilusión le durará sólo un momento porque, en su mentalidad de macho mexicano, pensará que cualquier aventura amorosa, por lo general, comienza con un trago, que las mujeres son como los zapatos apretados, con alcohol aflojan.

Algunos datos

Roberto Gómez Bolaños nació y creció -no mucho, sólo un metro con 60 centímetros- en la colonia del Valle. Quedó huérfano de padre a los seis años. Su madre, ejemplar mujer, sacó adelante a sus tres hijos mediante su trabajo como secretaria bilingüe. De su padre, gran dibujante y pintor, heredó la sensibilidad artística; de su mamá, la disciplina para trabajar con ahínco, el carácter para enfrentar la adversidad y la alegría por la vida.

Roberto no concluyó sus estudios de Ingeniería en la UNAM, sus inquietudes lo llevaron a solicitar un empleo en una agencia de publicidad. Como la escritura y la composición gramatical siempre se le facilitaron, se dio de alta como redactor de textos. Su chamba -le dijeron- incluía escribir los diálogos para el programa de radio en el que actuaban Viruta y Capulina. (¿Quiénes son esas señoras? -pregunto el bisoño escritor).

Antes de llegar a iniciar lo que más tarde sería su oficio, Gómez Bolaños fue un buen futbolista que, con un poco más de estatura o si se lo hubiera propuesto, podría haber jugado profesionalmente. Cuando se inscribió en la Facultad de Ingeniería destacaba en las reservas del desaparecido equipo Marte, que pertenecía a la Primera División nacional. También sobresalió como boxeador. Ganó, en la división de peso mosca, un Torneo de los Guantes de Oro.

El programa radiofónico de Viruta y Capulina, Cómicos y Canciones era su nombre, tuvo tal éxito con los guiones de Roberto que fue trasladado a la incipiente televisión, donde en poco tiempo se convirtió en el favorito de chicos y grandes . Su autor tuvo la inteligencia de adecuar los chistes verbales de la radio en visuales, como exigía el nuevo medio. La modalidad de comedia física -golpes y accidentes provocados por la confusión- es denominada slapstick, este género para ser bien realizado requiere de rigor y precisión para justificar el golpe o el accidente. Roberto resultó un maestro del género.

En una ocasión, momentos antes de entrar al aire, la producción del programa se percató de que no había llegado un actor del elenco. Roberto se ofreció a suplirlo y así, sin querer queriendo, se hizo actor.

Gracias a su talento y a los guiones de Gómez Bolaños, el éxito de Viruta y Capulina los llevó a protagonizar películas, la mayoría de ellas fue escrita por Roberto, al que un productor cinematográfico, por su habilidad para dialogar, bautizó como Chespirito. El sobrenombre se le quedó y Roberto lo hizo famoso internacionalmente.

Historia de una amistad

En 1968 Chespirito fue contratado como escritor, actor y director por Televisión Independiente de México (TIM), concesionaria del Canal 8. Ahí tuvo la oportunidad de explayar su creatividad y talento. Primero en un segmento llamado Los Supergenios de la Mesa Cuadrada, posteriormente le dieron su propio programa, donde creó sus entrañables personajes El Chavo del 8 y El Chapulín Colorado, entre otros El programa de Chespirito logró el máximo rating de esta televisora.

Por ese entonces, este textoservidor tuvo la fortuna de empezar su carrera como guionista de programas cómicos con el pie derecho. Fui el escritor de Ensalada de Locos, programa que, a su vez, era el de mayor audiencia en el Canal 2, de lo que entonces era Telesistema Mexicano.

A finales de 1972 se fusionaron ambas televisoras para crear la actual Televisa. Fue en ese tiempo cuando conocí al que ya era un maestro de la comedia.

Yo, apenas un aprendiz. Al ser presentados, Chespirito me dijo: Tenía ganas de conocerte porque he visto cosas muy buenas escritas por ti . El halago me sorprendió y me satisfizo sobremanera. La alabanza de un consagrado hacia un principiante me hizo comprender que Roberto, además de talentoso, era -es- un generoso ser humano.

A partir de ese momento comenzó a gestarse una amistad que se incrementó con los años. No nos veíamos con la frecuencia deseada, pero cuando nos encontrábamos, la cálida charla se prolongaba. Ésta giraba alrededor de cuestiones de trabajo. Un tema recurrente era el de la angustia ante la página en blanco.

La amistad se reafirmó cuando por iniciativa del difunto Víctor Hugo Rascón Banda, Presidente de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem), los veteranos de la rama de televisión instituimos una reunión-comida mensual. A éstas asistíamos Roberto, Mauricio Kleiff -otro que se adelantó-, Antonio Ferrer, Xavier López Chabelo, César El Pollo González y este textoservidor -el más joven de todos-.

Durante una de estas comidas, Roberto nos platicó la ocasión en que, en complicidad con su palomilla llamada Los Aracuanes, dada su facilidad para dibujar, hizo una réplica del letrero de la calle La Morena, sustituyendo el nombre de la vialidad por el suyo. La gente que pensaba haber llegado a la calle de La Morena se sorprendía al darse cuenta de que no estaban en La Morena, sino en la calle Roberto Gómez Bolaños.

Ayer, durante su homenaje, Emilio Azcárraga Jean anunció que, basado en esta anécdota, se decidió que la calle principal en el interior de Televisa San Ángel lleve el nombre de quien, con su talento y trabajo, ha puesto muy alto el nombre de México en el mundo.

Por mi cuenta investigué y supe que la calle de marras fue así llamada porque, antes de que se poblara la colonia Del Valle, era un camino que llevaba a Mixcoac y terminaba justo frente a una casa non sancta regenteada por una señora conocida como La Morena.

Desde esta modesta tribuna me atrevo a sugerir a las autoridades y a la sociedad que la auténtica calle de La Morena bien puede llevar el nombre de Roberto Gómez Bolaños. Esto lo propongo por mi cuenta y espero que existan ciudadanos que se unan a mi modesta proposición. ¡Síganme los buenos!

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Manuel Ajenjo

Escritor y guionista de televisión

El Privilegio de Opinar

Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros.