Todavía no podemos –a pesar de contar con seis meses de pandemia-, hacer un recuento de las muertes –en su mayoría causadas por la ineptitud AMLO-López-Gatell-, muertes de las que son en muy buena medida responsables y de las que tendrán que rendir cuentas ante la historia, o de acuerdo a los creyentes, en el juicio universal, donde la justicia prevalecerá sobre la misericordia, los números de bajas no caen; AMLO juega a la lotería como un niño de primaria en un juego surrealista (rifar un avión que no tiene avisón); sino es detenido por el ejército hubiera podido causar incendios en pleno Zócalo el Día del Grito (¡¡¡Cómo hubiéramos tenido que gritar en esa situación, sólo que en este caso no el presidente, sino los mexicanos!!!). Viene siendo momento -lo es desde 2018- de que manejemos algunas cifras de la realidad nacional, no del rancho de la chingada, sino del país del que se siente propietario el héroe de Macuspana. 

México traía un nivel de crecimiento por décadas superiores al 2%, cantidad insuficiente pero respetable; el país ha acumulado un nivel de reservas que –a juicio de un servidor-, son inclusive niveles por encima de los necesarios; el país del tequila tiene balanza comercial positiva sobre los Estados Unidos desde hace décadas; exportamos productos con un alto valor agregado en tecnología, a pesar de la corrupción e inseguridad rampantes el país caminaba… y qué pasó a partir del 1 de diciembre de 2018: 

Primero un aeropuerto construido en más de un 30% se canceló por capricho presidencial; la moneda y la bolsa comenzaron a bajar  y a moverse en posiciones estáticas; por primera vez las exportaciones no jalaron al resto de la economía (en 2019, ya antes de la pandemia, estábamos en situación de recesión económica con nuestro vecino del Norte creciendo a sus mayores tasas en las últimas décadas); la inflación se mantuvo controlada desde hace varias décadas; hubo avances en infraestructura; se avanzó en federalismo; el número de pobres moderados bajó en unos cuantos millones; el seguro popular permitió acceso a servicios de salud a 50 millones de personas. 

Para los que somos abogados y nos gustan las instituciones, México fue pródigo en sus últimas décadas en la creación de instituciones autónomas del Ejecutivo que realizaban sus funciones al menos de manera digna: el INE, la Comisión Federal de Competencia, el IFT, el Coneval, el INAI, muchas universidades públicas, un poder judicial federal relativamente independiente, una prensa libre y sin temor a recibir represalias. 

No es mi intención culpar de todos los males de México a López Obrador: nuestro país arrastraba problemas ancestrales de injusticia social, identidad, pobreza y corrupción nada desdeñables. Pero si hubiéramos comparado a nuestra gran nación con un tren, éste no se descarrilaba y viajaba a una velocidad media y con relativa comodidad. 

¿Qué sucedió en nuestro país antes del Covid-19 que ocasionaron que los efectos de éste fueran mucho más terribles si hubiéramos tenido –tenemos- un buen sistema de salud? ¿Cómo se explica que los países que fueron muestra de las peores atrocidades del coronavirus, ahora voltean atónicos a México a ver cómo suben los muertos, se ocultan cifras, se siguen haciendo shows desde la presidencia? La corrupción se dirige desde Palacio Nacional, vuelven a controlar la libertad de prensa –contradicción, una persona que se dice liberal-, 20 millones de mexicanos engrosan adicionalmente las cifras de pobreza; 500,000 empresas a borde de la quiebra, y nuestro presidente dice que “Vamos bien”, cuando aumenta drásticamente el número de feminicidios, de desempleados, de políticos corruptos, y la resurrección de la más temida de las instituciones: la presidencia imperial, que desde 1997 la democracia comenzaba a controlar. 

¿Es posible que en menos de dos años López Obrador haya logrado semejante proeza? Decía Marcuse que para construir primero hay que destruir, pero lo primero no tiene sentido sin lo segundo. ¿Será que vivimos en otro planeta, en donde la vida proviene de la destrucción? ¿Era verdad que López Obrador repetía que por el bien de México, primero los pobres, cuando en realidad lo que pretendía era que, por el bien de la 4T, primero todos pobres? Si ese es el libreto de beisbolero de macuxpana, apenas comenzaré a tomar cursos de magia negra para al menos entender el 1% de los comportamientos de López Obrador. Quizá nos equivocamos al escuchar el lema de AMLO y en realidad decía: por el bien de AMLO, primero todos locos. Si es así, parece irlo consiguiendo.