Aunque la economía no haya caído en recesión, hay que destacar que el estancamiento se debe a causas internas

El próximo miércoles, el Inegi dará a conocer la estimación oportuna del Producto Interno Bruto (PIB) correspondiente al segundo semestre. Por la información parcial con la que contamos (el IGAE, la creación de empleos registrados ante el IMSS, la reducción de las ventas de bienes de consumo duraderos, la inversión tanto pública como privada, la desaceleración de las exportaciones, la caída de las importaciones de bienes intermedios y de capital, etcétera), sabemos que no va a ser un buen dato, sabemos que la economía está prácticamente estancada.

La pregunta es si durante este periodo el PIB se contrajo respecto de su nivel del primer trimestre, ya que de ser así sería la segunda caída trimestral consecutiva después de que durante el primer trimestre el PIB cayó en 0.2 por ciento. Esto, de darse, no necesariamente indicaría que la economía está en recesión, ya que se requiere que se den otros eventos como una caída generalizada de la actividad económica, un aumento significativo en la cartera vencida de crédito bancario, una reducción en el empleo, etcétera.

Aunque la economía no haya caído en una recesión, sí hay que destacar que el estancamiento hasta ahora observado se debe primordialmente a causas internas, siendo la primera vez, en casi un cuarto de siglo, que la actividad económica mexicana no va en la misma línea que las economías estadounidense y canadiense, las cuales siguen creciendo a tasas relativamente elevadas, crecimiento que, por su efecto, sobre las exportaciones mexicanas a esos mercados ayuda a que el ritmo de la actividad económica mexicana no sea todavía peor.

Es claro que al actual gobierno no le gustan muchas de las reglas e instituciones vigentes en el marco legal, pero en lugar de tratar de modificarlas, siguiendo para ello los procedimientos legales establecidos, las señales que ha dado son de que no está dispuesto a jugar y respetar las reglas con las cuales no está de acuerdo. Esta actitud la hemos visto inclusive desde antes de haber asumido la presidencia cuando, basado en una consulta amañada e ilegal, tomó la decisión de cancelar las obras del aeropuerto en Texcoco, a lo cual se han agregado iniciar las obras de una refinería sin tener los permisos y licencias requeridos, pedirle permiso a la “madre tierra” para construir un ferrocarril sin los estudios socioeconómicos que lo justifiquen, cancelar en una consulta “a mano alzada” y sin ninguna justificación sólida el Metrobús en La Laguna, el nombramiento de gente sin la debida preparación técnica como comisionados en la Comisión Reguladora de Energía y consejeros “independientes” en Petróleos Mexicanos, la desaparición sin una justificación sólida de programas socialmente bien evaluados cómo Oportunidades—Prospera y las estancias infantiles, desconocer los contratos de los gasoductos y más.

Todas estas acciones dan la señal de un gobierno que minimiza la importancia para el crecimiento de tener reglas eficientes que se cumplan y se respeten incluido, obviamente, por parte del gobierno mismo. No le da la importancia que merece un íntegro estado de derecho. No jugar y respetar las reglas tiene un costo porque mina la confianza de los agentes económicos privados, nacionales y extranjeros, lo que se traduce en menores flujos de inversión en planta, maquinaria y equipo así como una menor adquisición de bienes de consumo duradero (bienes raíces, automóviles, muebles, etcétera), disminuyendo con ello no sólo el crecimiento presente sino también el futuro. Al gobierno le quedan casi cinco años y medio. Si no corrige el rumbo y acepta respetar el estado de derecho, el crecimiento futuro será aún menor que el ya de por sí mediocre crecimiento registrado en los últimos 30 años.

Isaac Katz

Economista y profesor

Punto de vista

Profesor de Economía, ITAM. Caballero de la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa. Medalla al Mérito Profesional, Ex-ITAM.