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Opinión

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SIEM, el subsidio sigue

La gran depresión Por: Enrique Campos Suárez

La dependencia económica de las cámaras y sus confederaciones, industriales o comerciales, con el gobierno, las ha hecho tradicionalmente alineadas con el pensamiento del gobierno en turno.

Esta relación ha llegado a niveles tales que los líderes empresariales se han enterado que apoyan algún acuerdo o pacto oficial, hasta que llegan a la ceremonia de presentación del mismo en Los Pinos.

Por eso, ahora que algunos de esos dirigentes empresariales han subido su nivel de críticas a las políticas del gobierno en estas épocas de recesión, más de uno dentro del gobierno federal empieza a preguntase si es conveniente seguir pagando para que les peguen.

Es un hecho, sin el apoyo del sector público muchas de estas organizaciones simplemente no sobrevivirían. La organización partidista de la política hace inútil la agrupación sectorial independiente.

Si una organización empresarial quiere tener poder de influir en las decisiones clave del Congreso, tiene dos opciones: agrupar a los hombres de negocios más ricos como el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, o bien, afiliarse a algún partido político. De lo contrario su voz está liquidada.

Entonces, con esta realidad a cuestas, muchos empresarios no encuentran utilidad en el registro a las cámaras de industria y comercio.

Dicho con toda justicia, muchas de estas organizaciones han sabido cómo moverse en el mundo de la política y han logrado muy altos niveles de influencia. Desafortunadamente, son las menos.

Después de un largo litigio, se logró revocar la obligatoriedad de registro a las cámaras empresariales, a mediados de los años 90, bajo el principio de libertad de asociación. Esta decisión judicial habría marcado la muerte de muchas organizaciones camerales y la reorganización e independencia de las que sobrevivieran.

Sin embargo, el gobierno de Ernesto Zedillo les tiró un salvavidas. El 20 de diciembre de 1996 se publicaron las modificaciones a la Ley de Cámaras y sus Confederaciones donde, efectivamente, se acababa con la obligatoriedad de registro. Pero fue ahí donde se creó el subsidio que salvaría a estas agrupaciones: el Sistema de Información Empresarial Mexicano.

El SIEM fue presentado como el gran instrumento de comunicación virtual entre las empresas de todos tamaños. Todos los negocios, de todos los giros, tendrían que inscribirse en esta base de datos que estaría disponible a través de Internet.

Por un pago anual que puede llegar hasta los 670 pesos, la señora que hace empanadas en Ciudad Victoria, Tamaulipas, tendría acceso a toda la información del señor que hace talachas en Ciudad del Carmen, Campeche. ¡Información indispensable!

Con el control de la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial, en aquel entonces, y ahora de la Secretaría de Economía; el SIEM y sus beneficiadas cámaras van puerta por puerta de los negocios exigiendo el pago anual.

Éste es el texto de una de las amables invitaciones que dejan a los comercios:

El SIEM contempla el registro obligatorio de todas las unidades económicas de comercio, industria y servicios del país, obligación de ley que los establecimientos deberán realizar el primer bimestre del año, disposición requerida por la Secretaría de Economía (SE), para garantizar un padrón completo y confiable que beneficia al empresario, consumidor y gobierno (nunca en beneficio de las cámaras, N de R).

Si el SIEM no servía a mediados de los 90, ahora con tantas redes sociales y empresariales gratuitas en Internet, su utilidad está más que cuestionada. Su información es imprecisa, inútil y duplicada con buenos portales del sector público como mexicoemprende.org.mx

Cuando preguntamos a los funcionarios públicos del más alto nivel sobre la viabilidad del SIEM, es obvio que prefieren no hablar de ello. No lo consideran como un tema. Pero, más en corto, personajes con buen nivel de decisión en el gobierno federal muestran su disgusto con esquemas como éste, por ser un subsidio disfrazado para muchas de estas agrupaciones empresariales.

Es prácticamente imposible que les quiten esta dádiva a las cámaras y las confederaciones. Sobre todo, por la actual coyuntura económica. El SIEM fue creado durante la pasada crisis, fue la tabla de salvación del gobierno.

Pero, es un hecho que hay algunos dentro del sector público quieren ver líderes empresariales más solidarios con las políticas públicas y menos catastrofistas. Como las voces que recientemente se han hecho escuchar.

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