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SCT, la casa embrujada del sexenio
Decimos casa embrujada a falta de un adjetivo más preciso. Podríamos decir que es La mansión de la mala fortuna, pero sería incorrecto.
La Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) es la casa embrujada de este sexenio. A esta dependencia le ha tocado un escándalo de grabaciones que aniquiló a un secretario; la baja de categoría de la aviación nacional; la crisis de Mexicana; las tribulaciones de la licitación 21 y la telenovela del apagón digital diferido.
Decimos casa embrujada a falta de un adjetivo más preciso. Podríamos decir La mansión de la mala fortuna, pero sería incorrecto, sobre todo cuando nos encontramos en un sexenio estrellado. Podemos hablar de mala suerte cuando se trata del primer brote mundial de una epidemia rara, el estallido de la mayor crisis económica mundial desde 1929 o la mayor lluvia en tres décadas en una ciudad como Monterrey. Lo ocurrido en la SCT es otra cosa.
El diccionario de la lengua española define suerte como el encadenamiento de sucesos considerado fortuito o casual. Se sobreentiende que la palabra suerte no aplica cuando el encadenamiento de los sucesos es provocado por la negligencia, la dejadez o la carencia de pensamiento estratégico.
La baja de calificación de la aviación nacional no es producto de la mala suerte. Se ganó a pulso: la SCT fue omisa en atender las recomendaciones/exigencias de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FFA).
Nuestro país puso en marcha un procedimiento de verificación internacional, luego del accidente que causó la trágica muerte de Juan Camilo Mouriño. Le fueron requeridos a la SCT una serie de cambios que no se implementaron, a pesar de que la FFA otorgó una ampliación de los plazos.
Más allá del coraje que nos provoca el downgrade, nos indigna la impunidad de los funcionarios responsables de algo que le costará tanto al país. El subsecretario Humberto Treviño sigue en su cargo, como si estuviera haciendo un gran trabajo , me comentó off the record un empresario del sector. Nadie fue sancionado ni hubo una explicación clara para el sector. De cara a la opinión pública se ha dejado crecer la confusión de que la baja de calificación tiene algo que ver con la crisis de Mexicana. Son hechos independientes: la degradación entra en vigor cuando la FFA considera que un país carece de experiencia técnica, recursos y organización para la vigilancia operacional de las aerolíneas. Así nos ve la FFA y no tenemos un equipo en la SCT capaz de modificar esa percepción.
La crisis de Mexicana no se debe a la mala suerte, a menos que uno piense que la carencia de una política pública cabe en esa categoría. La SCT calculó mal los daños que provocaría la desaparición de una de las dos grandes aerolíneas. No ha podido definir una ruta de solución, luego de que Mexicana cayó en concurso mercantil y es incapaz de ofrecer certidumbre a los actores principales del sector: trabajadores, dueños y operadores de las aerolíneas, turisteros y consumidores.
De la licitación 21 se ha escrito mucho y, de los problemas del adelanto del apagón digital, empezaremos a oír una catarata de opiniones. Sorprende que dos de los grandes proyectos del sexenio en materia de telecomunicaciones hayan estado tan desamarrados y sido tan descuidados en los detalles. Nadie habla de mala suerte, ¿por qué habríamos de hacerlo? Estamos ante una dependencia que atrae la mala fortuna porque siempre deja un montón de cabos sueltos.
lmgonzalez@eleconomista.com.mx