En el 2015, la Ronda 1.2 adjudicó reservas probadas por 80 millones de barriles de crudo del país. Aunque representaban, en aquel momento, apenas 0.8%de este tipo de reservas, fue una decisión criticada. Compartir “panes y peces” escasos era una mala idea, de acuerdo con los críticos. No anticipaban que el intercambio generara valor para el país, aun cuando era claro que México conserva en todos estos casos la mayoría de las utilidades de lo compartido.

Es buen momento para actualizar estas creencias. Estos panes y peces se han multiplicado.

Hoy ya representan 3.5% de las reservas del país.

Hubo un efecto doble. Por un lado, las reservas totales de Pemex han continuado cayendo, como lo han hecho por muchos años. Por el otro, mediante su trabajo exploratorio, los tres consorcios contratistas de la Ronda 1.2 (Hokchi, Eni, y Fieldwood-Petrobal) multiplicaron el volumen total de las reservas probadas de crudo que recibieron, de 80 a 250 millones de barriles. No es producto de un milagro, como en tiempos bíblicos, sino de la inversión y actividad que el intercambio y el nuevo modelo generaron.

Si la Ronda 1.2 repartió panes y peces, la Ronda 1.1 apenas licitó mapas con pistas de dónde quizás podría haber ingredientes. El bloque 7 de la Ronda 1.1, por ejemplo, conllevaba un estimado de 100 millones de barriles de petróleo crudo equivalente en recurso prospectivo, que es un indicador con un nivel de incertidumbre muy alto. A través del pozo Zama-1 y toda la investigación previa, Talos, Sierra y Premier encontraron los ingredientes. Y también los multiplicaron. Aplicando factores de recuperación conservadores, Zama podría contener entre 300 y 500 millones de barriles de petróleo crudo equivalente en reservas. Esto, además de ser suficiente para ser premiado como el descubrimiento del año de la Asociación de Negociadores Internacionales de Petróleo (AIPN, por sus sigla en inglés) representa entre tres y cinco veces el monto de recursos prospectivos con el que arrancaron.

La Ronda 1.3 fue menor en tamaño, como siempre se remarca. Pero, conceptualmente, fue igual o más escandalosa que la 1.2. Lo repartido fueron panes montados en línea de producción, que se estaban preparando con un ritmo de 2,000 unidades diarias. Aquí sí, de acuerdo con las críticas iniciales, seguramente los privados no iban a poder aportar nada adicional, sólo “capturar” un valor existente. Pero la evidencia apunta en la dirección opuesta.

Hoy los contratistas de la Ronda 1.3 han logrado casi duplicar el ritmo inicial de producción.

Son tres ejemplos independientes que se vale empaquetar porque son los tres procesos que han llegado a una fase de madurez significativa. En el caso de la Ronda 1.4, parece que podrá dar resultados más rápido de lo anticipado, pero no deja de ser una especulación.

Lo que sí queda claro es que los proyectos de los privados —tanto en bloques puramente exploratorios y para desarrollo como en bloques que ya estaban produciendo— han producido resultados diametralmente opuestos a los de Pemex. Pemex, a pesar de tener muchos panes al inicio, cada vez logra producirlos y reemplazarlos más lentamente. Los privados, en cambio, están multiplicando su dotación inicial de panes. Están invirtiendo en mapas y minas para encontrar y aprovechar más. También están modernizando sus líneas de producción.

En total, es incuestionable que los resultados petroleros mexicanos siguen apuntando hacia abajo. Este dato es muy relevante. Pero se usa sesgadamente para decir que la reforma petrolera fue un fracaso. De plano no hace ningún sentido extrapolar los resultados de 95% en declive a los de 5% en ascenso.

Siguiendo con metáforas religiosas, quizás aquí valdría la pena revisar qué se ha hecho con los talentos que se repartieron al inicio a cada parte. No para erradicar o castigar al modelo de negocios que no ha estado dando el ancho, como la parábola propone, sino para recalibrar el sistema hacia donde los talentos, o panes o peces o barriles, se están multiplicando.

PabloZárate

Consultor

Más allá de Cantarell