En este 2020 se cumplen 75 años del inicio del Tribunal Militar Internacional en Núremberg, conocido como los juicios de Núremberg, que consistió en un conjunto de procedimientos judiciales incoados contra diversos ex dirigentes de la Alemania nazi, entre el 20 de noviembre de 1945 y el 1º de octubre de 1946.

El formato de los juicios fue una mezcla de tradiciones legales en la que comparecieron acusadores y defensores conforme a normas procesales de origen anglosajón, donde las decisiones y sentencias fueron impuestas por un panel de jueces. Los llevados a juicio se les acusó de los siguientes cargos: I) uso del control nazi para la agresión contra estados extranjeros; II) crímenes de guerra; III) delitos contra la paz; IV) crímenes de lesa humanidad; V) asesinatos a civiles en los territorios ocupados y en alta mar; VI) destrucción sin finalidad alguna de ciudades y pueblos; VII) ataques a Polonia; VIII) acciones agresivas en contra de Austria y Checoslovaquia; y, IX) germanización de los territorios ocupados.

De los individuos que se juzgaron, 12 fueron condenados a la pena de muerte por ahorcamiento, tres a cadena perpetua, dos a 20 años de prisión, uno a 15 años de prisión, otro a 10 años de prisión y tres fueron absueltos. Cabe mencionar que en 1953 uno de los condenados a pena de muerte fue absuelto póstumamente por el Tribunal de Múnich.

Si bien son reconocidos los aciertos en los juicios de Núremberg, tampoco podemos desestimar las críticas: I) se constituyó como un tribunal ad hoc con posterioridad a los hechos que se juzgaron, II) aplicó retroactivamente el Derecho Penal Internacional, y III) que fue un tribunal de vencedores que no procesó a los Aliados por crímenes similares que pudiesen haber cometido.

Personaje destacado de los juicios de Núremberg fue el abogado soviético Román Rudenko, de quien -merced los resabios de la Guerra Fría- apenas encontramos pálida referencia.

Presentó de un documental con escenas dantescas que mostraban sobrecogedoras y descarnadas escenas de las atrocidades cometidas por los nazis en su territorio. El efecto que causó esta prueba daba testimonio irrefutable de lo ocurrido y provocó una profunda impresión en todos los asistentes, aun incluso en los abogados defensores de los nazis.

Resulta célebre el discurso final pronunciado por Rudenko como fiscal, el 30 de agosto de 1946, en cuya parte medular exige que los nazis sean castigados, bordando una sentida narración que devela el modus operandi de las organizaciones fascistas en el inhumano exterminio de millones de personas.

A lo largo del extenso discurso, hizo una detallada descripción de las estructura, organización y funcionamiento de las corporaciones nazis -a las que califica de criminales- y pide además a la corte reconocer la naturaleza criminal de las unidades de guardia (Waffen SS), unidades de asalto (SA) y la Gestapo.

26 millones de soviéticos muertos Queda por revalorar históricamente el sufrimiento del pueblo de la entonces Unión Soviética en su resistencia contra el fascismo, cuya relevancia fue minimizada por la Guerra Fría, pues en comparación a los aproximadamente 400,000 estadounidenses que murieron en la Segunda Guerra Mundial, los soviéticos que perecieron en el conflicto ascienden a la impensable cantidad de 26 millones de almas. Los juicios de Núremberg concedieron una evaluación jurídica a las causas y resultados de la Segunda Guerra Mundial, así como los delitos cometidos por la Alemania nazi contra la URSS, incluso contra la propia población alemana.

No se puede permitir que se sigan revisando los acontecimientos del pasado, cuando hoy el rigor histórico exige desterrar los alienantes resabios del decadente y anacrónico discurso polarizador de la Guerra Fría. Aún falta mucho por explorar. El mundo tiene un enemigo común en el terrorismo y bien podría aprovecharse la experiencia de Núremberg, a fin de que los países combatan a las nuevas organizaciones criminales mediante los esfuerzos unidos, haciendo a un lado las diferencias ideológicas.

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