El principal discípulo y heredero intelectual en el despacho de asesoría económica que estableció en México el economista británico Redvers Opie, fue Rogelio Ramírez de la O (RRO). Cuenta la leyenda que, en su natal Inglaterra, Opie cultivó una gran amistad y contactos profesionales con el célebre escritor John Maynard Keynes. Y también en su natal Inglaterra, el economista Opie se identificó doctrinalmente con la Universidad de Cambridge, centro académico con vínculos cercanos con el laborismo británico: una izquierda europea no marxista, con sólidas convicciones democráticas.

Aparte de su indudable capacidad intelectual y su buena formación profesional, si algo puede decirse con toda certeza de Ramírez de la O es sobre su fidelidad inquebrantable con su filiación intelectual. En lo personal, me consta, Rogelio es un individuo muy sencillo y amable, una especie de caballero británico en México. Durante años de militar en la oposición económica, sus opiniones fueron invariablemente muy prudentes, pero también con visible honestidad intelectual.

Rogelio Ramírez de la O es y siempre ha sido un economista identificado con la corriente denominada neokeynesianismo, pero me resisto a aceptar que pueda calificársele de dogmático. En sentido contrario, pienso que el nuevo secretario de Hacienda es un hombre sensato, flexible y con muchos años de desarrollo profesional. Y aunque su experiencia en el sector público no es muy amplia, confío en que cuenta con méritos suficientes para alcanzar un buen desempeño en tan relevante cargo.

Habiendo ofrecido esa semblanza excesivamente sintética de RRO, parece conveniente pasar a las cosas que ha dicho desde su nombramiento. En tal sentido, insistió en su cuenta de Twitter en una “óptima racionalidad de los recursos internos antes de recurrir a un mayor endeudamiento”. En cuanto a lo primero, es favorable que el jefe de las finanzas nacionales se exprese de esa manera en razón de que siempre los recursos son inexorablemente escasos. Y en cuanto a lo segundo, el gobierno de México no dispone de mucho margen para mayor endeudamiento.

Por lo demás, siempre es alentador escuchar de un nuevo secretario de Hacienda una reafirmación de “las metas de estabilidad macroeconómica, disciplina fiscal y la política de austeridad...”. Al leer esas líneas, mi memoria de historiador económico me lleva a pensar que, si en los sexenios de Echeverría y López Portillo se hubieran puesto en ejecución dichos principios, esos sexenios no habrían terminado en el desastre.

bdonatello@eleconomista.com.mx

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico

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