El consumidor está cada día más interesado en el impacto social y ambiental de los productos que consume.

En el 2015, Greenpeace inició una campaña para exigir a una empresa agroindustrial mexicana la reducción del uso de agroquímicos que han sido prohibidos en otros países, a pesar de ser permitidos en México, hasta eliminarlos de su cadena de abastecimiento.

Más de 160,000 personas se sumaron a la campaña, logrando que, a mediados de este año, la empresa se comprometiera a trabajar por una política global de agricultura que incluya prácticas ambiental y socialmente responsables.

Se debe tener en cuenta que el sector agroindustrial es uno de los sectores de la producción que presenta los mayores riesgos laborales, a nivel mundial, vinculados al desarrollo de sus tareas específicas.

En México, de acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad, los profesionistas dedicados a la industria de la alimentación, producción y explotación agropecuaria ocupan el sexto y noveno lugar, respectivamente, en áreas con mayores riesgos para laborar.

Así, en este sector, desde hace algunos años se ha observado una amplia gama de iniciativas de RSE en forma de certificaciones sociales y ambientales, tanto de productos y procesos, como de empresas.

Estas certificaciones han estado conformadas por indicadores como la calidad de vida laboral, el aprovisionamiento responsable y la gestión ambiental.

Como ejemplos tenemos las certificaciones, distintivos e iniciativas: Orgánico-SAGARPA, Empresa Agrícola Responsable-SAGARPA, Empresa Socialmente Responsable, Comercio Justo, Global Reporting Iniciative, Pacto Global, entre otras.

En general, su objetivo es promover las buenas prácticas ambientales y sociales, incentivar alternativas de producción así como mejores condiciones de trabajo, para la firmas y los stakeholders que participen en la cadena de valor agroalimentaria.

Las empresas deben iniciar a llevar a cabo acciones más integrales que pueden empezar a propiciar un cambio que impacte positivamente en sus empleados y la sociedad.

El Foro Económico Mundial menciona que las empresas deben vigilar el cumplimiento de prácticas éticas de responsabilidad social así como la reducción de sus emisiones, o por lo menos las que se derivan directamente de sus cadenas de suministros.

Si las compañías agroindustriales fomentan esta iniciativa, estarán motivando a sus socios de negocio a operar bajo estos principios.

El cumplimiento voluntario de la RSE por parte de la agroindustria podría contribuir al desarrollo sostenible, favoreciendo el crecimiento económico y aumentando la competitividad, al tiempo que se busca la protección del ambiente y la responsabilidad social.

*Ivonne Odette Serrano Ríos es Especialista de la Subdirección Técnica y de Redes de Valor. “La opinión aquí expresada es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA”.