Hace poco escribí sobre la manera como las deudas, particularmente el crédito al consumo, comprometen tu flujo de efectivo, te mantienen anclado al pasado (parte de lo que ganas hoy es para pagar lo que ya compraste) y de esta manera le roban dinero a tu futuro. Quien tiene deudas, por lo general no tiene capacidad de ahorro que es una condición necesaria para construir un patrimonio.

La clave para no endeudarte y poder ahorrar es tomar control de tu flujo de efectivo. ¿Qué es esto? El flujo es lo que entra menos lo que sale. Es una simple resta: lo que ganas menos lo que gastas.

Si gastas más de lo que ganas, el resultado será negativo. Eso significa que estás destruyendo patrimonio y en muchos casos, te estás endeudando. Si el siguiente mes vuelve a ser negativo, tu deuda será más grande y así sucesivamente hasta que ya no la puedas pagar. Estás cavando un agujero cada vez más grande.

Si ganas más de lo que gastas, entonces el resultado es positivo: estás construyendo patrimonio, estás acumulando y es dinero que puedes invertir para que crezca con el tiempo.

Claro que siempre pasan cosas y es muy normal que tengamos un mes malo, en el que nuestro flujo de efectivo sea negativo. Algo que ayuda para no tener que adquirir una deuda o caer en un desequilibrio, es contar con un fondo para emergencias. Pero la idea es que, por lo general, nuestro flujo sea positivo.

Estos conceptos son válidos, sin embargo, las metodologías más modernas de controlar el flujo de efectivo se centran en el concepto de pagarte primero a ti mismo. Es decir, de lo que ganas, primero tomas para ti lo que planeas ahorrar. El resto del dinero, todo, ya lo usas para pagar a tus acreedores y para hacer todos los demás gastos del mes. No te tiene que sobrar nada, porque ya tomaste lo que es para ti, para construir un patrimonio o para lograr algunos otros objetivos financieros.

Esto es lo que se llama plan o presupuesto de suma cero, porque la idea es que no te sobre nada: tu flujo de efectivo sea cero. En otras palabras, estás controlando la totalidad de tu dinero y no echando a la suerte el ahorro.

Verás, el dinero es un tanto rebelde y la mejor manera de controlarlo es asignando a cada peso que ganas un trabajo. A la totalidad de esos pesos, no sólo a algunos a ver cuánto te sobra al final. Si algunos pesos no tienen un trabajo asignado, ese dinero hará lo que le venga en gana y no sabrás ni en qué te lo gastaste.

Entonces, cada vez que uno recibe dinero, uno tiene que sentarse y hacerse esta sencilla pregunta: ¿qué es lo que necesito que este dinero haga por mí, antes de que me vuelvan a pagar? Le asignas a cada peso que ganas un trabajo, pero no te olvidas de tomar primero para ti: pagarte primero a ti mismo, antes de pagarle a los demás. Esa es la clave.

Ahora bien, para que tu plan funcione, no te olvides de considerar también aquellos gastos irregulares: los que no ocurren cada mes, como las vacaciones, el predial, el regreso a clases, entre otros. Es mucho más fácil ir “pagando” de poquito en poquito, cada mes, de tal manera que cuando se presenten tengas el dinero completo y no te tengas que endeudar.

Recuerda también que la vida nunca es exactamente como la planeamos, por eso tienes que usar tu plan para tomar decisiones y ajustarlo sobre la marcha. Puedes reasignar los trabajos que le habías dado a tus pesos: esto te ayudará a mantener el control.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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