Hace unos días, el presidente López Obrador dijo en la conferencia matutina que ningún gobierno en la historia de México ha apoyado tanto a la cultura como el suyo. El presidente se refería a las culturas indígenas. Parcialmente tiene razón, pues el término cultura es tan amplio que también habría tenido razón si en vez de referirse a los indígenas se hubiera referido a los apicultores de Jalisco.

¿Qué es la cultura y por qué es importante apoyarla? Desde un punto de vista muy amplio, cultura es todo lo que el ser humano añade a la naturaleza. Las manzanas que produce de manera silvestre el bosque es un hecho natural, pero la producción de manzanas de los agricultores de Washington es un fenómeno cultural. No es en ese sentido en el que hay que apoyar a la cultura.

En un sentido menos amplio, cultura significa comprensión de la civilización. Así, si hablamos de civilización occidental, pero ignoramos los elementos culturales que la constituyen, tendremos una comprensión muy pobre de nosotros mismos y se generará una fractura interna que producirá malestar existencial. Tradición judeocristiana, pensamiento griego, latinidad y fusión del mundo germánico con el mundo mediterráneo grecolatino: éstos son los elementos constitutivos de Europa occidental. Si no se comprenden, es muy difícil tener una idea de lo que es occidente.

¿Cómo nos aproximamos al entendimiento de la civilización? A través de las manifestaciones culturales. Entre ellas, dos son fundamentales y, me atrevería a decir, las más importantes: ciencia y arte. Hay manifestaciones culturales cuya fuerza es centrípeta: jalan hacia adentro y tienden a congelar la civilización; la religión, por ejemplo. Hay manifestaciones culturales que son, por el contrario, progresistas en el sentido genuino de la palabra, que actúan más como una fuerza centrífuga liberadora que va del centro hacia afuera, y tienden a evolucionar y revolucionar. El pensamiento científico y las artes son esta clase de manifestaciones. De ahí su enorme importancia. Y como estas manifestaciones van hacia adelante, necesariamente son fuerzas liberales y libertarias, no en sentido político, sino en sentido histórico.

Cuando las fuerzas culturales que tienden a la regresión son las que predominan, la civilización se cierra y se estanca. En cambio, si las fuerzas progresivas de la cultura predominan, importantes avances se logran en pocas décadas. Los dos grandes motores que han empujado la cultura occidental hacia adelante han sido la ciencia y las artes. Cuando un gobierno decide dejar de apoyarlas, por mucho que se diga progresista, es en realidad un régimen conservador.

Para comprender la civilización hace falta una serie de disciplinas que reciben el nombre genérico de humanidades: Historia, Filosofía, Bellas Artes, Derecho, Semiología, Gramática, Sociología, Estética, Epistemología, Antropología, Literatura, Filología, Estudio de las Religiones, etcétera. Una persona culta conoce y es capaz de manejar al menos dos de estas disciplinas y, por ende, tiene una comprensión más o menos profunda de la civilización; inculto es aquel que ignora todo lo relativo a estas disciplinas y, en consecuencia, es incapaz de alcanzar alguna comprensión de la civilización.

Cuando se dice que el Estado debe apoyar la cultura, no es en un sentido tan restringido que sólo incluya el folklore de los pueblos originarios, sino la cultura entendida como ciencia y arte, que son las fuerzas progresistas de la civilización. Si queremos ser más específicos —y toda vez que existe el Conacyt—, apoyar la cultura significa promover, fomentar, difundir, alentar, incentivar a las artes, especialmente las Bellas Artes, y a los artistas.

El activo más valioso de una nación no son sus recursos naturales. Si México es rico no es porque tenga petróleo. Lo que hace que una nación sea rica es su cultura. Quienes más han hecho por la grandeza de la nación mexicana no han sido los políticos, sino los artistas —intelectuales en el verdadero sentido de la palabra—: nuestros escritores, pintores, muralistas, músicos, dramaturgos, arquitectos, escultores, cineastas, poetas, etcétera. Invertir en ellos y en las Bellas Artes —a la par de la ciencia y la educación— es la inversión más productiva que puede realizar el Estado.

Sabemos que ha habido abusos, que algunos artistas del Sistema Nacional de Creadores de Arte han sido beneficiados hasta por 18 años con cantidades equivalentes a más de 32,000 pesos mensuales (si son eméritos, las cantidades superan los 42,000 pesos mensuales). Si se multiplican esas cifras por 12 meses y 18 años, estamos hablando de sumas elevadas. Es un grupo “selecto” el que ha recibido estos apoyos, y claro que deben estar preocupados ante la posibilidad de perderlos. A ellos se refiere la senadora Jesusa Rodríguez cuando opina, con cierta razón, que se deben acabar las becas del Fonca.

Hay que corregir y romper estos círculos viciosos, pero de ningún modo el Estado mexicano puede llegar al extremo de dejar de apoyar a los artistas y a las Bellas Artes. Una política así sería regresiva e inaceptable.

@VenusReyJr