El amor, dice Rosa Montero en Pasiones, es una vulgaridad, un lugar común. Tiernos, extremos, duraderos, forzados, farsas, frustrados, inexistentes, como el de Mario Carrillo y la afición de Pumas, una relación que nació torcida, que no debió nacer y si es que es, seguramente fue por una mala noche de alguien o de algunos.

Un amor casi de la era colonial, por compromiso, por obligación, por necesidades y necedades. Amor donde no hay nada de esta palabra, más bien, hasta crueldad y dolor y es que le pregunto, lector: ¿Usted cree que a Mario Carrillo no le daña que cada vez que puede la afición le pida a gritos irse?

Seguro él lo negará, dirá que están en su derecho, como lo ha dicho, y que lo respeta. Dice con una voz tenue, con apenas levantar la ceja que espera responderle a la grada con resultados.

Pues justo en este punto, este amor, que le repito, no lo es, ya le ha dado una respuesta. Los resultados han llegado, están, irreprochables cifras y datos que deben acallar a todos, pero usted, él, el equipo, la directiva, la afición y yo sabemos que no ocurrirá. Si acaso se escucharán menos los reclamos, más por la pasión que hay entre la grada y los colores ante los buenos resultados, que por la aceptación a Mario Carrillo.

Es un técnico con probada calidad, muchas veces polémico y con un ego (aunque lo niegue) hasta el cielo, que vive de sus rentas de América pero que sin duda ha demostrado que es capaz de afrontar casi cualquier reto. ¿Pumas también? Quizás, probablemente también lo haga y es muy probable que por el ritmo de juego Pumas estará en la Liguilla, el objetivo que le interesaría a la directiva y, es más, podrá jugar incluso bien, como por momentos lo ha hecho; el tema pasa por esa relación tormentosa con la afición, ¿hasta cuándo alguien puede soportar que cada partido le griten fuera, fuera, fuera?

Carrillo ha demostrado que hasta ahora todos estamos equivocados, que tienen la razón sobre quién tiene que jugar; ha limitado de a poco nuestras opciones de crítica con su juego, ha acallado a todos aquellos que pensaban que ni siquiera duraría un mes en el cargo, bueno, hasta soportó que ya lo hubieran cesado algunas personas en Twitter.

Seguro que el salario alguna vez dejará de ser un buen motivo para continuar en Pumas, quizás desde antes de tomar el equipo no lo era porque el club no se caracteriza por grandes salarios. También es posible que nos dé una bofetada gigantesca cada vez que dice: La afición tiene derecho a reclamarme .

Cuánta paciencia, cuánto ego, cuánto amor propio para estar en un sitio donde a quien se le debe gran parte de todo, inclusive ser un gran negocio, la afición, le repudia.

En ocasiones he pensado que todo lo hace a propósito. Finge aceptación para que, de a poco, él y la grada exploten, terminen por mandar todo al diablo pero de una manera mucho más política, decorosa, de caballeros, aunque por dentro se odien profundamente, algo que no deben disimular porque ya se rechazan.

En cada palabra de sus discursos pienso que Mario no lo sufre, hasta lo goza, así ocurre con las personas que se creen superiores a todo (aunque lo niegue), porque es una manera de demostrar su poder, validando cualquier reclamo de la afición, como si dijera: ¡Nunca te dejaré! Maldito juego perverso. Pero seguro, como esas relaciones disfuncionales, ni un campeonato hará terminar bien este ciclo, no en los resultados, sino en los sentimientos de ambos.

Una relación que no existe y jamás existirá. No insistan, nada de todo lo bueno que pueden tener los datos contrarresta las diferencias con la grada.

Twitter: @ivanpm82