En el artículo anterior, comentamos los desafíos medioambientales que se enfrentan en la agricultura y los cinco propósitos para alinear las acciones de sostenibilidad en el sector para: 1) Mejorar la eficiencia en el uso de los recursos, 2) Conservar, proteger y mejorar los recursos naturales.

3) Mejorar los medios de vida rurales y el bienestar social, 4) Aumentar la capacidad de recuperación ante siniestros de las comunidades y de los ecosistemas, y 5) La eficacia, calidad y buena orientación de la intervención del Estado en temas de sostenibilidad.

Para hacer frente al gran ritmo de cambio y a la creciente incertidumbre, hay que concebir a la sostenibilidad como un proceso, y no como un punto final determinado que hay que alcanzar. Esto, a su vez, requiere el desarrollo de marcos de gobernanza, de financiación, técnicos y políticos, que apoyen a los productores agrícolas y a los gerentes de recursos involucrados en un proceso dinámico de innovación, en particular:

Se necesitan políticas e instituciones que ofrezcan incentivos para la adopción de prácticas sostenibles, para imponer regulaciones y costes para aquellas acciones que agoten o degraden los recursos naturales y para facilitar el acceso a los conocimientos y recursos necesarios.

Las prácticas agrícolas sostenibles deben utilizar al máximo la tecnología, la investigación y el desarrollo, aunque con mucha mayor integración de los conocimientos locales que en el pasado. Esto exigirá nuevas y más sólidas alianzas entre las organizaciones técnicas y aquellas orientadas hacia la inversión.

Para basar en datos la planificación y gestión de los sectores de la agricultura, se necesitan estadísticas adecuadas, información y mapas geoespaciales, información cualitativa y conocimiento. El análisis debe centrarse tanto en los sistemas de producción como en los recursos naturales y socioeconómicos subyacentes.

Los desafíos relativos a las poblaciones de recursos vivos y las tasas de utilización de los recursos naturales a menudo trascienden las fronteras nacionales. Los mecanismos de gobernanza y los procesos internacionales deben apoyar el crecimiento sostenible (y la distribución equitativa de beneficios) en todos los sectores de la agricultura, protegiendo los recursos naturales y desalentando los daños colaterales.

En este sentido, para FIRA, el cuidado al medio ambiente es una prioridad. Como entidad de fomento y como parte de su modelo de negocio, se promueven proyectos de financiamiento que contribuyan a la sostenibilidad de los productores, promoviendo a su vez el cuidado de los recursos naturales.

En particular, invitamos los productores y empresas del sector a acercarse a las oficinas de FIRA para echar a andar proyectos de tecnificación de riego para el uso eficiente del agua, que tengan el objetivo de mejorar la productividad y competitividad d a través del uso eficiente del agua y propiciar que la agricultura sea una actividad sostenible. Asimismo, participamos en el financiamiento a inversiones para la instalación de biodigestores que permitan el aprovechamiento de metano, reduciendo así las emisiones de Gases de Efecto Invernadero y la consecuente generación de energía eléctrica. Y también podemos participar en proyectos de inversión relacionados con la producción de fuentes renovables de energía y eficiencia energética, cubriendo de manera mutual los primeros incumplimientos que eventualmente llegaran a presentarse por parte de los acreditados. Finalmente, existe especial interés en participar en proyectos de alcance regional que impulsen la adopción de prácticas de agricultura sostenible en regiones con potencial productivo, la cual permite mejorar la recuperación de suelo, la biodiversidad y reduce las emisiones de GEI, al mismo tiempo que mejora las condiciones de vida de los productores agrícolas.

*Marco Antonio Cabello Villarreal es subdirector de Diseño de Programas de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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