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Opinión

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Producción de bioenergía en pequeña escala

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por su sigla en inglés) publicó recientemente el estudio Iniciativas de producción de Bioenergía en pequeña escala , donde se muestra el beneficio de proyectos de producción de bioenergía, en el desarrollo y calidad de vida de los habitantes en 15 comunidades de alta marginación en Latinoamérica, África y Asia.

En particular, se encontraron impactos positivos en el uso sostenible de los recursos naturales, la obtención de biofertilizantes y otros subproductos, la posibilidad de producir simultáneamente alimento y combustible, y la creación de capital financiero con ciclos de crecimiento a través del uso sostenible de la tierra.

De igual manera, se observa una reducción significativa de los costos energéticos para la comunidad, acceso a más y mejores servicios y tecnologías, así como una mejora sustancial en la situación económica de los pobladores.

Dichos proyectos abarcan tecnologías adaptadas a las necesidades y recursos disponibles en las zonas de influencia.

Entre los proyectos destacan: la generación de energía eléctrica a través del aceite de Jatropha en Mali, Guatemala, India y Tailandia; la producción de bloques de carbón de larga combustión en Senegal; la obtención de biogas por medio del agave sisal en Tanzania; estufas alimentadas por etanol en Etiopía y la producción de biodiesel a través de aceite vegetal reciclado en Perú.

La replicabilidad de estos casos es de particular relevancia en el contexto nacional, no sólo desde el punto de vista tecnológico, pues podemos visualizar los efectos y beneficios sociales, ambientales y económicos que se detonarían.

Sin embargo, es de vital importancia entender los principales retos a vencer en el desarrollo de estos proyectos.

Entre los principales y más urgentes se encuentran: definir los criterios de sostenibilidad que regirán a dichos esquemas, así como estudios económicos y tecnológicos con la profundidad suficiente para entender los riesgos, oportunidades y potencial de dichas tecnologías en el contexto nacional.

México cuenta con los recursos naturales, humanos y financieros para ser un agente de cambio significativo en los segmentos objetivo de estos proyectos. Los actores están preparados y las herramientas están listas. Quizás, sólo es cuestión de ponerse a trabajar.

*José Navarrete es especialista de la Dirección de Análisis Económico y Sectorial de FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

jrnavarrete@fira.gob.mx

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