Después de una legislatura tras otra, de esperar años y años, hoy se discute en el Senado la reforma laboral, tras la aprobación en lo general por parte de la Cámara de Diputados. Esta reforma no sólo pone a prueba al Congreso, también nos pone a prueba a los ciudadanos.

Por mucho tiempo, hemos reiterado la necesidad de generar cambios en diferentes temas y estructuras para que México despegue y libere su potencial al máximo. Cuando alguno de estos cambios tan anunciados se aproxima, paradójicamente, reaccionamos con un rechazo casi automático, pues la incertidumbre sobre lo que puede pasar nos confunde y nos limita a darnos cuenta de que el peor escenario es precisamente que no cambie nada.

Es momento de pensar diferente y dejar de creer que al final todo es una lucha entre pobres y ricos, trabajadores y empresarios. Es cierto que en ocasiones se han cometido abusos y que hay quienes sólo buscan su propio interés sin considerar a los demás; sin embargo, de nosotros depende que ésta sea la excepción y no la regla.

Aún existen muchas voces que se empeñan en repetir y promover un discurso de lucha entre mexicanos como si fuéramos una sociedad irreconciliable y esto no es verdad.

El resultado de esta insistencia polariza a los ciudadanos y da primacía al prejuicio sobre la razón; abona a la división, desplaza el diálogo y resta cualquier posibilidad de reencuentro.

No podemos pedir y exigir cambios a nuestros legisladores si no nos hacemos responsables de dar seguimiento a lo que discuten y deciden.

Tampoco podemos decir que queremos un país más moderno y con mayor libertad si al mismo tiempo nos oponemos a las reformas que ayudarán a que esto suceda.

Es verdad que aún tenemos que revisar lo que se discute y se pretende aprobar en el caso de la reforma laboral para asegurarnos de que cumpla con las expectativas de quienes trabajamos, pues finalmente es a nosotros a quienes beneficiará en la medida en que los legisladores no la recorten.

Estamos ante un gran momento para probar que la razón y el diálogo pueden mucho más que el prejuicio y el monólogo.

Demostremos que los mexicanos somos ciudadanos responsables; sigamos a nuestros legisladores para asegurarnos de que la reforma laboral y las que vienen en camino estén a la altura de lo que los mexicanos queremos y necesitamos.

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