A lo largo de los años, me han llegado historias muy dolorosas de gente que, de buena fe, ha confiado de manera ciega en otras personas cercanas: familiares o amigos queridos. Recuerdo particularmente el caso de una mujer, recientemente divorciada, que me contactó porque le había llegado un requerimiento judicial por una deuda millonaria. Sin darse cuenta (su marido sólo le pidió su firma para los papeles del negocio, pero no le explicó bien), resulta que había adquirido la obligación de pagar esa deuda. Su historial crediticio estaba también severamente afectado por el incumplimiento, y ella no tenía idea. Estaba desesperada, buscando qué podría hacer al respecto. Tristemente hay muy poco, pero le sugerí buscar asesoría legal especializada para que un experto evaluara su caso.

Es importante saber que, en México, hay tres figuras que en ocasiones se usan como sinónimo, pero no lo son: aval, fiador y obligado solidario. Todas ellas sin embargo tienen algo en común: te obligan a responder si la otra persona no paga. De hecho, como obligado solidario puedes tener que responder aun si el otro está al corriente en sus pagos, si violó alguna cláusula del contrato que haga exigible la totalidad del adeudo de inmediato.

Asumir un compromiso de esta naturaleza es muy delicado y puede poner en grave riesgo tu patrimonio. Aunque el otro sea una persona de tu total confianza. Peor aún: puede acabar con familias enteras. Hay muchos casos de padres que fungen como aval de sus hijos para un negocio que termina por fracasar. Se pierde el patrimonio completo, el ahorro para el retiro. O bien, peleas entre hermanos que se dejan de hablar porque uno tuvo que responder por la irresponsabilidad del otro.

Nunca debes, por lo tanto, ser aval, fiador u obligado solidario de tu familia. Menos de tus amigos, aunque los conozcas desde hace décadas. Porque si algo falla, algo va mal, por haberlo hecho estás arriesgando lo que tú has construido: tu patrimonio y el de tus hijos, si los tienes.

En casos graves, incluso, te arriesgas a un embargo. No sólo de tus bienes, sino también de tus ingresos futuros (recuerda que en México ya se puede embargar parte del salario para pago de deudas, obviamente siempre que lo haya dictaminado un juez, no lo pueden hacer los cobradores ni los abogados, debe haber una demanda). Además de que también puede afectar tu historial crediticio de manera importante.

Por otro lado, en algunos casos también podrías exponer a los tuyos. Por ejemplo: si el avalista fallece, los herederos pueden quedar obligados a responder en proporción a su herencia.

Debes también saber que, una vez que adquieres este compromiso, no puedes renunciar a él. Si ya firmaste como aval u obligado solidario, no tienes ninguna salida a menos que el acreedor te libere de esa obligación (para ello necesitarás seguramente que alguien más la asuma por ti, esto se conoce como sustitución de obligado o de aval, pero es complicadísimo lograrlo).

Si lees esto demasiado tarde y ya has adquirido un compromiso de este tipo, como aval, fiador u obligado solidario, es poco lo que puedes hacer. Como ya mencioné, no hay manera fácil de librarte.

Por ello, en esos casos, lo que te sugiero es que estés al tanto del desarrollo de la deuda y de la situación financiera de la persona a la que respaldaste. Él también tiene una obligación contigo y no debe tener problema en informarte de la situación del crédito, del comportamiento de los pagos y de cuánto falta para liquidar. Una vez hecho, es fundamental que tengas copia de los comprobantes.

Te invito a visitar mi página: http://www.PlaneaTusFinanzas.com, el lugar para hablar y reflexionar sobre finanzas personales.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com