Las crisis suelen ser una excelente oportunidad para ilustrar ciertos conceptos que se suelen pasar de largo en otros momentos de mayor estabilidad. Uno de ellos son los famosos “meses sin intereses” del que muchas personas abusan. Las tiendas lo ofrecen porque ayuda a incrementar la ventas de manera considerable. Para los bancos es un negociazo: les genera una fuente importante de ingresos. A cambio de ofrecer la promoción, las tiendas pagan una comisión elevada de la venta, que puede llegar a ser superior a 10% (depende mucho del volumen de facturación).

Cuando compramos a “meses sin intereses”, estamos adquiriendo una deuda. La gente piensa que no importa, porque “es gratis, no hay cobro adicional”. Aun cuando esto pudiera ser cierto, no deja de ser una deuda. No deja de representar un compromiso de pago con dinero que todavía no hemos ganado. Afecta nuestro flujo de efectivo futuro (parte del dinero que ganemos, será para pagar lo que ya compramos). Tenemos menos disponible para ahorrar, para construir patrimonio y para cualquier otra meta financiera, porque tenemos que pagar las mensualidades.

¿Qué pasa cuando viene una crisis, como la que estamos viviendo, en la cual la actividad económica disminuye significativamente? Mucha gente tiene menos dinero. Los negocios venden menos, eso afecta comisiones. Muchos gastos son recortados. Pedidos son cancelados. Hay pérdida de empleos. Entre muchas otras cosas.

Pero el compromiso que se adquirió con anterioridad, a “meses sin intereses” se tiene que seguir pagando. A pesar de que los bancos ofrezcan aplazar pagos, como algunos lo están haciendo. Ahora que menciono este punto, es fundamental leer bien las promociones. Los intereses ordinarios se siguen generando. No se generan, sin embargo, intereses moratorios y gastos de cobranza. Entonces, cuando uno deja de pagar una mensualidad “sin intereses”, ese importe pasa al saldo revolvente y empieza a generar intereses. Hay que entenderlo.

No estoy diciendo que no convenga, en ocasiones, comprar un objeto de alto valor utilizando este tipo de promociones. Yo lo he hecho alguna vez, estoy seguro que casi todos.

Lo que sí quiero decir es que uno no debe abusar y comprar todo a “meses sin intereses”, como mucha gente hace. Uno debe tener el mismo cuidado con este tipo de promociones, como con cualquier otro crédito.

Hace tiempo conté una historia que vale la pena recordar. Se trata de un directivo de una empresa trasnacional que perdió su trabajo. Ganaba muy bien y lo liquidaron correctamente, conforme a la ley.

El problema es que lo debía todo: tenía un crédito hipotecario, dos automotrices y varias tarjetas de crédito, con promociones a “meses sin intereses”. Cada vez que le ofrecían diferir sus pagos, lo hacía. A pesar de que le dieron mucho dinero, pocos meses después estaba desesperado: se le estaba terminando, pero los compromisos seguían.

Esto podría pasarnos a cualquiera de nosotros, por lo cual siempre debemos recordar que una deuda es una deuda, cualquiera que sea su costo.

Antes yo era así. Difería todo a “meses sin intereses”, aun cuando pudiera pagar de contado. Pensaba que podía generar un ingreso adicional manejando mi flujo de efectivo. Las cosas no resultan siempre como uno las planea. Por eso hoy jamás difiero mis compras. Aun si se trata de algo grande: prefiero ahorrar y comprarlo cuando tenga el dinero en efectivo. Salvo que sea absolutamente necesario.

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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