En mi vida he visto que buena parte de los problemas financieros de las personas, tiene mucho que ver con una gran incongruencia entre lo que dicen que quieren, lo que en realidad quieren y lo que terminan haciendo (o lo que pueden hacer, según sus posibilidades).

Por ejemplo, hay personas que dicen que su sueño es viajar y conocer la India, pero nunca empiezan: el ahorro nunca se convierte en una prioridad para ellos. Algunos dicen: “es que gano muy poco y no puedo ahorrar”. Pero, curiosamente, sí les alcanza para comprar cigarros, su latte diario en la cafetería de moda, o las cervezas después del trabajo. No hay nada malo con hacerlo, pero recordemos, en la vida son unas por otras. Quizá el viaje no era tan importante después de todo. ¿Cuál es, entonces, la prioridad?

En general, todos los conceptos de finanzas personales son muy sencillos e intuitivos. Son fáciles de aplicar. Pero no siempre funcionan para todos, por la manera como los pensamos y nos comportamos. Todos somos diferentes: unos más intuitivos, otros más racionales. Hay técnicas que funcionan para unos, pero no para otros.

En la colaboración anterior compartí la receta para crear un patrimonio. Es bastante simple: tenemos que gastar un poco menos de lo que ganamos (es decir, ahorrar) y entonces invertir ese dinero de una manera consistente con nuestros objetivos, horizonte de inversión y nuestra tolerancia al riesgo.

¿No sabemos cómo construir ese portafolio? Si nuestro horizonte es de largo plazo (por ejemplo: retiro) tenemos la Afore que se encarga de eso por nosotros (y además nos ofrece beneficios fiscales).

Siempre hay pretextos

Todos conocemos la importancia de ahorrar. La gente, sin embargo, hace todo lo contrario: se endeuda. Particularmente la clase media. Siempre hay un pretexto: “no puedo ahorrar porque no me alcanza”. “Con los sueldos que se pagan en México es imposible”.

Sin embargo, cuando analizamos el problema, nos damos cuenta de que se trata, más que nada, de un asunto de prioridades. Queremos tener lo mismo que otros, deseamos comprar la última pantalla plana, pensamos que de eso se trata el éxito.

Por otro lado, he visto a la gente más humilde, en lugares aislados, guardar algunas monedas para “cuando se ofrezca”. Es decir, siempre se puede ahorrar, aunque sea un poquito: unos centavitos. Siempre.

Pero en lugar de enfocarnos en el ahorro, dejamos que la cabeza se nos nuble. Somos humanos y nos entran los deseos. Entonces buscamos cómo justificarlos: de ahí la famosa frase que nos “da permiso” para gastar de más: “trabajo mucho y me lo merezco”.

Muchos empiezan a usar, así, la tarjeta de crédito. Algunos dicen: no pasa nada: es a “meses sin intereses” como si eso no contara como deuda. Se acostumbran fácilmente a un nivel de vida que está más allá de sus posibilidades, porque sus pagos mensuales son una fracción de lo que en realidad están gastando. Al seguir por este camino, las mensualidades crecen hasta que llega un golpe de realidad: ya no pueden pagar.

Salir de deudas es difícil porque estábamos viviendo por encima de nuestras posibilidades y ahora tenemos que vivir muy por debajo de ellas: apretarnos el cinturón para poder pagar mucho más del mínimo. Una dura lección de congruencia.

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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