Al torrente cotidiano de barbarie que inunda al país hay que añadir la metralla incesante que dispara el gobierno contra las instituciones, la sociedad civil, los medios de comunicación y contra quienes considera opositores intolerables. Claramente, la siembra y propagación de enconos y polarización es un rasgo distintivo de los regímenes populistas. También lo es, independientemente de su signo ideológico y catadura política, emprender una embestida violenta y en toda la línea contra el medio ambiente, las políticas y las instituciones ambientales. Es patente en los casos de EU, Brasil y México. Las causas tienen que ver con el desprecio a los bienes públicos, y la apuesta por el clientelismo político.

Lo constatamos con Trump, que retira a Estados Unidos del Acuerdo de París; resucitó la construcción de oleoductos; permite la explotación minera y de hidrocarburos en tierras federales decretadas como monumento nacional; abre a perforaciones petroleras 90% de las aguas marinas territoriales de ese país; intenta promover la industria del carbón; debilita la protección a especies amenazadas y en peligro; relaja disposiciones para aumentar la eficiencia de los vehículos y reducir sus emisiones, y relaja las normas de contaminación del agua por la industria química, los agricultores y la industria petrolera. Bolsonaro, en Brasil, por su parte, ha sometido en la práctica al Ministerio de Medio Ambiente a los designios del Ministerio de Agricultura; ha desvirtuado el Fondo Amazonia para combatir la deforestación; trata de legitimar la deforestación de la Amazonia; ha aprobado nuevos plaguicidas prohibidos en Europa y muchos otros países; ataca virulentamente a las ONG ambientalistas; emasculó al Instituto Nacional de Investigación Espacial que vigila la deforestación en la Amazonia, y promueve la expansión de la soya, la ganadería y el etanol a costa de los bosques tropicales en la cuenca amazónica.

El gobierno de López Obrador en México ha llevado al paroxismo su agenda antiambiental. Abortó el proyecto de Reserva de la Biósfera en el Mar de Cortés; canceló las subastas de energía limpia; disolvió el mercado de Certificados de Energía Limpia; promueve la generación de electricidad con carbón y combustóleo; canceló líneas de transmisión e interconexión de corriente directa entre el Sistema Eléctrico Nacional con Baja California y el istmo de Tehuantepec, indispensables para el desarrollo de las energías renovables; pretende construir una absurda refinería para ofrecer gasolinas por debajo de los precios de mercado; dejó baldada a la Semarnat con recortes presupuestales y de personal incapacitantes; despidió a los delegados de la Profepa y acabó con las actividades de inspección y vigilancia ambiental; destruyó deliberadamente casi 400 hectáreas de selva y manglar en el sitio donde pretende construir su refinería; hace que Pemex distribuya combustibles con contenidos de azufre que violan flagrantemente las normas ecológicas; amenaza la integridad de la Reserva de la Biósfera de Calakmul con la construcción de un fantasioso Tren Maya; desapareció la Gendarmería Ambiental; reintrodujo subsidios agropecuarios clientelares devastadores para la biodiversidad; inhabilitó a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas con un recorte artero de presupuesto y personal; prostituye el procedimiento de evaluación de impacto ambiental en proyectos de infraestructura; repudia en los hechos los compromisos de nuestro país con el Acuerdo de París en materia de cambio climático, y mutiló severamente a la Comisión Nacional del Agua en lo que respecta a presupuestos de tratamiento de aguas residuales y control de la contaminación. Ahora se ha lanzado contra la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, tratando de liquidar el fideicomiso con el que opera con eficiencia y transparencia gracias a financiamientos oficiales, privados, multilaterales y binacionales. Y en estos días, ha avanzado hacia abismos inimaginables hace apenas unos meses. En efecto, el secretario de Semarnat, motivado por una ideología tóxica y delirante, pretende colonizar lo que aún sobrevive de la Selva Lacandona (la Reserva de la Biósfera de Montes Azules), que es propiedad de la comunidad lacandona. Lo acompaña para perpetrar esta atrocidad el procurador agrario, quien dando rienda suelta a las propensiones clientelares del régimen pacta y manipula a organizaciones campesinas indígenas que siempre han tenido en la mira Montes Azules, para quemar, deforestar, sembrar maíz y llevar a cabo actividades ganaderas. Además de atentar contra el mayor patrimonio biológico de la nación, estos dos personajes van a provocar un conflicto social sin precedentes.

¿Ignorancia, perversión ideológica, resentimiento, ineptitud, narcisismo político, venganza, perturbación mental, vesania, incuria, corrupción intelectual? ¿O todo lo anterior junto?

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Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.