Los instrumentos de política económica ya existen y se aplican en los diversos países del mundo, dependiendo de las definiciones políticas.

La declaración de principios para el desarrollo económico y social en un contexto democrático y en una sociedad abierta es muy clara.

Un país funciona mejor si considera los niveles de precios, ahorro e inversión como sus indicadores fundamentales, haciendo que sean estables para crear y potenciar el crecimiento económico cada vez más y distribuirlo mejor.

Es necesario que el gobierno intervenga con prudencia, tanto en la regulación económica como en la simplificación administrativa para que haya libertad de invertir, ahorrar y consumir.

No existen, en ninguna parte del mundo, mercados perfectos que asignen los recursos con racionalidad y eficiencia. De ahí la necesidad de que intervenga la mano visible del Estado.

La estabilidad de precios y la prudente intervención estatal conduce a una actividad microeconómica cada vez más competitiva, absorbiendo inversión nacional y extranjera. Así aumenta la productividad, porque los recursos tecnológicos se complementan con mano de obra cada vez más preparada. Se establecen los vínculos con el mercado global para obtener las ganancias del comercio.

Es necesario diseñar políticas de desarrollo productivo para cada sector de la economía.

Una microeconomía competitiva y relaciones abiertas con el mundo originan disciplina financiera, atraen capitales del exterior y permiten resistir a las burbujas que se presentan en la economía global.

La inflación es un impuesto indeseable.

En tanto nuestra economía y nuestra moneda se mantengan sólidas, el sistema financiero podrá retener los ahorros para atender las demandas de crédito, particularmente para la producción.

Una buena macroeconomía se expresa en una inflación baja, desequilibrio fiscal prudente, déficit manejable en la cuenta corriente de la balanza de pagos, nivel de ahorro congruente con la inversión productiva y un tipo de cambio que equilibre los ingresos y egresos en la balanza de pagos.

La competitividad se logra con una estabilidad de precios, porque así se promueve el ahorro y la inversión. Sin precios razonablemente estables respecto de otros países, no pueden tenerse tasas de interés bajas.

Se necesita diversificar las exportaciones y atender a los sectores de mayor valor agregado y capacidad tecnológica. Hay en México una brecha profunda entre sectores modernos y un gran número que van a la zaga.

Y haciendo conexión con todo este proceso está la inversión en capital humano (educación, salud y vivienda, principalmente). Decía el Maestro Samuel Ramos: “Creo en la salvación de México, porque nuestra raza no carece ni de inteligencia ni de voluntad, lo único que le falta es aprender”.

SergioMota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.