El fenómeno migratorio no es aislado ni efímero. Es el resultado de nuestro crecimiento demográfico y de la incapacidad del sistema económico de absorber la mano de obra que aumenta cada año.

Las remesas están representando una importancia crucial en el flujo de divisas del país, y si bien a corto plazo esto ayuda a resolver problemas de disponibilidad de divisas, de fondo es una falla estructural del funcionamiento de la economía.

Ursula Von Der Leyen, Presidenta de la Comisión Europea, reconoce que "los países que afrontan la migración en primera línea merecen solidaridad". También ha señalado que la migración no es un fenómeno que vaya a desaparecer y que hay un límite a la capacidad de integración.

Se requiere buscar soluciones globales al problema. Hace mucho tiempo que se necesita de un planteamiento sobre bases éticas y económicas. Por ejemplo, se necesita de una gran inversión productiva en los países expulsores de población para reducir la presión migratoria y para combatir el crimen organizado que se le asocia.

México ha sido por mucho tiempo un país expulsor de mano de obra. El fenómeno migratorio tiene un siglo de existencia. Este año lo confirma. Durante el periodo enero-mayo 711,784 migrantes fueron detenidos en Estados Unidos, cuatro de 10 eran de México. La cifra de 284,000 mexicanos detenidos se triplicó en comparación con el año de 2020 para igual periodo en que fueron 96,000. Los niños no acompañados detenidos en el periodo mencionado fueron de 11,252, el doble de lo que se registró en el 2020.

Según el Consejo Nacional de Población, el número de emigrantes continuará elevándose de acuerdo a tendencias y proyecciones de población. En consecuencia también se elevarán las remesas de dólares recibidas anualmente. Constituye, por tanto, un fenómeno de la vida del país.

En algunas regiones es más agudo como son las áreas rurales de nueve entidades federativas del Centro-Occidente de la Republica, donde de cada dos hogares uno está relacionado con familiares que trabajan en Estados Unidos.

El fenómeno migratorio no es aislado ni efímero. Es el resultado de nuestro crecimiento demográfico y de la incapacidad del sistema económico de absorber la mano de obra que aumenta cada año.

Las remesas están representando una importancia crucial en el flujo de divisas del país, y si bien a corto plazo esto ayuda a resolver problemas de disponibilidad de divisas, de fondo es una falla estructural del funcionamiento de la economía.

La única solución es impulsar el crecimiento económico con mayores inversiones para crear empleos absorbiendo a los nuevos trabajadores que se incorporan a la demanda de empleo. Esto ocurrió con la emigración de España e Irlanda cuando estos países se encaminaron en la senda del desarrollo económico acelerado.

Hace 40 años el destacado demógrafo mexicano Gustavo Cabrera señaló en forma premonitoria lo siguiente: "...en el siglo XXI sin transformaciones económicas fundamentales se producirá la demografía de la pobreza".

Asociado al crecimiento económico está la necesidad de incrementar substancialmente la inversión en capital humano, en especial la educación, la salud y la seguridad social, así como propiciar mediante políticas de desarrollo productivo la incorporación al trabajo de las actuales y futuras generaciones de jóvenes y adultos que ante la ausencia de empleo y educación emigran o se unen al mundo de la delincuencia.

También evitar que se acentúe la desigualdad rural-urbana del país. Esto responde al requerimiento de distribuirnos mejor en el territorio.

smota@eleconomista.com.mx

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.

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