En ese orden de los pleitos internacionales y diplomáticos se ubica la reciente reclamación contra México de la Representación Comercial de Estados Unidos...

Encolerizado por la profunda crisis en que había caído su gobierno, hacia las postrimerías José López Portillo (JLP) se volvió un presidente pendenciero. En su trayectoria como mandatario buscabullas, JLP la emprendió contra antagonistas que estaban al alcance de su ira revanchista y también contra otros a los que no podía alcanzar con su poder. En esta última categoría de enemigos a los que no podía alcanzar situó con coraje López Portillo a la prensa extranjera, al Gobierno de Estados Unidos, a los organismos internacionales.

En un estilo personal distinto, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) también se ha distinguido por ser un presidente peleonero. La diferencia con López Portillo es que lo ha decidido ser desde el principio de su presidencia. Y como paralelismo adicional con el desafortunado JLP, también AMLO la ha emprendido en ocasiones contra los organismos internacionales. Recuerdo que en algún enfrentamiento acusó al Fondo Monetario Internacional de carecer de autoridad moral (whatever that may be).

En ese orden de los pleitos con un contenido diplomático y comercial, se ubica la reclamación de la Representación Comercial de Estados Unidos (USTR) y que mereció la nota principal de primera plana de la edición de El Economista del pasado lunes. En ese sentido, en su Reporte Barreras al Comercio Exterior (2021) la USTR denunció “medidas tomadas por el gobierno mexicano en varios sectores, desde el energético y el de telecomunicaciones, hasta el agropecuario y el farmacéutico, entre otros”.

En una de las varias acusaciones presentadas por la USTR, se aseguró que aunque México ratificó el Acuerdo de Facilitación del Comercio de la OMC (Organización Mundial del Comercio) “los exportadores estadounidense continúan expresando preocupaciones sobre los procedimientos administrativos aduanales de México…”

Pero una de las denuncias más importantes se ha dado con respecto al sector de energía. En tal sentido (sic.), “las empresas de energía de Estados Unidos se han quejado de retrasos en los permisos, aplicación discriminatoria de las regulaciones y falta de notificación con respecto a los cambios regulatorios y de política”.

La USTR es una entidad de mucha importancia. Es parte de la Oficina Ejecutiva del Presidente de Estados Unidos y a su cargo está recomendar y desarrollar la política comercial del país. De manera que no se trata de un antagonista de segunda línea. Y desde luego cabe considerar las repercusiones que todas las quejas citadas pueden tener sobre la inclinación a llevar a cabo inversiones estadounidenses en México.

bdonatello@eleconomista.com.mx

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico

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