Hace 500 millones de años, los moluscos eran los mismos animales simples que son ahora, muchos de ellos sin un sistema circulatorio o un cerebro siquiera. Pero simples como eran, los moluscos eran numerosos; los amonites, esos fósiles de concha en espiral que todos conocemos eran tan abundantes que incluso los utilizamos como medio de datación de fósiles o estratos rocosos. Los amonites son uno de los primeros cefalópodos en separarse del filo (en taxonomía, por debajo del reino) de los moluscos, para convertirse en unas de las especies más sorprendentes que pueblan todos los mares de la Tierra. 

Los cefalópodos modernos son los pulpos, calamares y sepias. Conocemos unas 700 especies hoy día, incluyendo sus primos lejanos, los nautilus, pero seguimos descubriendo más a medida que exploramos las profundidades del lecho marino. Todos se caracterizan por haber abandonado el refugio calcáreo de una concha, y a cambió se consiguieron cuerpos capaces de pasar por grietas y agujeros de una vigésima parte de su grosor, pieles que adoptan colores y texturas a voluntad y de manera extremadamente rápida, como la mejor pantalla en HD 3D recubriendo su cuerpo, tres cerebros, un sistema circulatorio con tres corazones y sangre azul, y una inteligencia sorprendente, al nivel de los mamíferos.

Su sangre bombea a través de sus tres corazones, pero a diferencia de la hemoglobina rica en hierro en la que los vertebrados confiamos nuestro intercambio de oxígeno, los cefalópodos evolucionaron con un compuesto similar pero diferente basado en el cobre, la hemocianina, que les brinda el alto suministro de oxígeno que requieren.

Sus ojos también son similares a los nuestros, pero evolucionaron de manera divergente para cumplir la misma misión que el ojo humano, y a pesar de no ver en color, pueden adoptar un camuflaje instantáneo, tridimensional, cambiando de color, textura y con excrecencias que aparecen a voluntad, mezclándolos a la perfección con el lugar donde se encuentren.

El pulpo mimético, Thaumoctopus mimicus, puede incluso cambiar de forma para imitar al menos 15 especies diferentes, todas peligrosas, para escapar de un posible depredador. Todas las especies de pulpo son, en mayor o menor medida, ponzoñosos, pero el premio al pulpo más mortífero pertenece a una especie - cómo no- australiana; el pequeño y hermoso pulpo de anillos azules del género Hapalochlaena porta en su cuerpecito del tamaño de un limón suficiente veneno para matar a varias personas, en menos de hora y media, sin antídoto conocido. 

Las sepias o jibias, menos conocidas, no son menos interesantes. Estos pequeños cefalópodos, de entre 10 y 40 cm según la especie, de cuerpo aplanado, ancho y alargado, con las extremidades rodeando su pico duro como de un loro, como todos sus parientes, son capaces de las respuestas miméticas más rápidas del reino animal, que le permiten cambiar de color tan rápidamente que logran hipnotizar a sus presas favoritas, peces y crustáceos, hasta acercarse lo suficiente para asaetarlos con dos de sus tentáculos modificados para ser un arpón extremadamente rápido.

Al igual que el pulpo puede utilizar sus habilidades para desaparecer de la vista de cualquier depredador al que no hayan escuchado acercarse (sí, también tienen buen oído) o huir bombeando agua a alta presión de su cavidad paleal en la parte frontal del cuerpo, a la vez que expulsa un chorro de tinta que ciega y confunde los sentidos del atacante, mientras que ciertas moléculas que contiene lo mantienen entretenido porque huelen a comida… Unos verdaderos maestros del escape. 

Los científicos llevan un siglo experimentado con pulpos y sus primos, y nos seguimos maravillando de los resultados. Sus cerebros, expandidos en la práctica totalidad del cuerpo, lo que les brinda esa respuesta inmediata y control corporal sorprendente, su capacidad de aprendizaje, tanto del medio como de sus semejantes, su capacidad de soñar en la fase REM, que en los humanos cimienta los recuerdos, y su evidente raciocinio demostrado en infinidad de estudios, mantienen a los cefalópodos como unas de las especies de mayor interés para la ciencia moderna. 

solounpalido.azul@gmail.com

Ramón Martínez Leyva

Ingeniero

Un pálido punto azul

Es ingeniero en Sistemas Computacionales. Sus áreas de conocimiento son tecnologías, ciencia y medio ambiente.