La personalidad sólo ha madurado cuando un hombre ha hecho suya la verdad.

Soren Kierkegaard, filósofo danés

Se ha documentado ampliamente que las decisiones de inversión no necesariamente responden de manera estricta a un puro análisis técnico.

Factores de percepción de entorno, sesgos heurísticos de decisión y, por supuesto, factores de personalidad determinan la forma en la que nos aproximamos a las decisiones relativas, en primer lugar, al gasto, el ahorro y, habiendo ahorrado, a las decisiones sobre la estructura y características de los vehículos de ahorro o inversión que elegimos.

El estudio “Personality, Decision-making Styles and Investments”, de Gambetti y Giusberti, contó con la participación de casi 400 personas a las que se realizaron estudios de personalidad e inventarios de su proceso de decisión, así como estudios de sus percepciones y decisiones de inversión.

El análisis parte de recuperar estudios de finanzas conductuales que han pretendido específicamente entender cómo ciertos patrones inciden en la forma en la que analizamos la información y en la naturaleza misma de las decisiones que adoptamos con la misma. El propósito específico de la investigación fue entender si ciertas características de personalidad y estilo de toma de decisiones generaban comportamientos particulares, tanto de las percepciones como las decisiones de inversión de las personas.

Las primeras conclusiones se encuentran en línea con otros estudios, demostrando que, en términos generales, los hombres tienden a tomar mayor riesgo en sus inversiones que las mujeres, y que las personas que más experiencia tienen en temas de inversión tienden a ser más tolerantes con las inversiones de riesgo y las variaciones coyunturales que éstas pueden tener, respecto de aquellos inversionistas de menor experiencia.

Específicamente, en términos de factores de personalidad, se encontró que las personas de mayor nivel de ansiedad, que presentan altos niveles de aprehensión, tensión y sentido de alerta o vigilancia, tienden a ser aquellas con menor propensión a la inversión y el ahorro. Cuando llegan a ahorrar, están orientadas más hacia la búsqueda de retornos fijos en mecanismos de inversión tradicionales que en la búsqueda de rendimientos más elevados a través de vehículos de renta variable y mayor nivel de riesgo potencial, como los del mercado accionario.

Las personas que en los estudios de personalidad mostraron mayor nivel de autocontrol y disciplina, y, consecuentemente, menor nivel de impulsividad, tienden a diversificar más sus inversiones. Las características de extroversión y sentido de independencia tienen una correlación positiva con las decisiones de inversiones en acciones, típicamente asociadas a mayores niveles de riesgo.

Las personas extrovertidas —normalmente optimistas— tienden a decisiones financieras de mayor riesgo y toman la iniciativa para ejercer sus decisiones de inversión. Sin embargo, este factor de personalidad en algunos casos tiende a utilizar un sesgo cognitivo, que se refiere a traer la memoria de experiencias pasadas para tomar decisiones presentes, lo que debilita en ocasiones la calidad de sus decisiones financieras.

En conjunto, las personas que muestran, de manera combinada, características de independencia de pensamiento, asertividad y habilidad para influenciar a otras personas, tienden buscar retornos de inversión más altos y consecuentemente a tomar decisiones más de inversión que de ahorro, respecto de aquellas que tienen personalidades vigilantes, suspicaces y escépticas.

Se encontró que aquellas personas cuyo estilo de decisión es dependiente (que requieren de la reafirmación de algo externo) o que evitan tomar decisiones presentan también bajos niveles de percepción de sentido de autoeficacia y, consecuentemente, limitan sus decisiones de inversión. En el primer caso, se confía excesivamente en el juicio de terceros para tomar las decisiones y en el segundo, se aumenta la propensión a procrastinar (postergar) las decisiones de ahorro e inversión.

Lo importante de estos estudios es, en primer término, reconocer que los factores de personalidad inciden y limitan nuestra capacidad de juicio y de toma de decisiones racionales y óptimas. Pero, en segundo lugar, nos permiten reconocer que, como toda característica de personalidad, ésta puede ser administrada para reducir las consecuencias negativas que tengan en nuestras decisiones presentes y en nuestra estabilidad financiera futura.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y profesor en la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y presidente del Consejo para el Fomento de Fondo de Ahorro Educativo de Mexicana de Becas.

Síguelo en Twitter: @martinezsolares

RaúlMartínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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