El más reciente acontecimiento surgido de la Fábrica de Eventos Nacionales tiene como protagonistas a Santiago Nieto, ex titular —por el momento— de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE) y al licenciado Alberto Elías Beltrán, encargado del despacho en la Procuraduría General de la República (PGR); con la actuación especial del Senado de la República; bajo la dirección de Emilio Gamboa, con argumento de Enrique Peña Nieto.

La FEPADE a cargo del hoy defenestrado Nieto, tenía —tiene— en su jurisdicción el expediente del probable delito cometido por Emilio Lozoya al recibir dinero de la empresa constructora brasileña Odebrecht, a cambio de contratos. Existe la presunción de que una parte de ese dinero fue para la campaña del candidato del PRI, Enrique Peña Nieto. De lo anterior fuimos informados por el diario O Globo de Brasil, la institución periodística Quinto Elemento Lab, así como por el periodista Raúl Olmos de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad.

Santiago Nieto Castillo llegó a la FEPADE por medio del sistema de cuotas. Personaje identificado con la academia y con la izquierda institucional, durante su actuación, aunque había resuelto casos contra el priismo, jamás había rebasado la tácita raya marcada por el Poder Federal. Hasta que lo hizo. Declaró al diario Reforma que Emilio Lozoya, exdirector de Petróleos Mexicanos (PEMEX), lo había presionado para que declarara públicamente su inocencia en el desvío de recursos para la campaña del actual presidente del país de la que fue Coordinador de Vinculación Internacional.

A sólo cuatro días de haber sido nombrado encargado del despacho en la PGR, Alberto Elías Beltrán se vio obligado a solicitar la renuncia de Nieto Castillo debido a que “presumiblemente no respetó los principios de presunción de inocencia y debido proceso, lo que podría causar que una persona presuntamente culpable quede impune y en libertad”. Aquí me viene a la cabeza una pregunta: ¿Por qué la Fiscalía para delitos electorales depende directamente de la Procuraduría General de la República, es decir, del Poder Ejecutivo?

Otra cosa, Elías Beltrán “presumiblemente no respetó los principios de presunción de inocencia” de su —absurdamente— subordinado Santiago Nieto, al revelar públicamente los motivos de su cese; por lo tanto, él también puede ser retirado de su cargo, ¿no? Además, resulta paradójico que una institución desprestigiada y comprobadamente corrupta como la PGR arguya, ahora, “el respeto a la presunción de inocencia”. Respeto que siempre se ha pasado por al arco del triunfo, menos cuando se trata, como en este caso, de judicializar la política. Es obvio que la orden vino de arriba y que existe la intención de exonerar de toda culpa al amigo Lozoya y, sobre todo, como hacen los gatos con su excremento, echarle tierra al financiamiento de la campaña priista del 2012 con intención de hacer lo mismo en el 2018.

Me informa el asesor jurídico de esta columna, licenciado Guillermo Vigil Trejo, que basado en los artículos 30 de la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República y 137 de su reglamento interno, así como en el décimo octavo transitorio de nuestra Constitución, según la reforma del 2014, Santiago Nieto está en su derecho de solicitar a la Cámara de Senadores la objeción de su cese, para lo cual tiene 10 días hábiles a partir de su despido.

La restitución de Nieto en su cargo es posible con sólo tener la mayoría simple —la mitad más uno— en el Senado de la República. Obviamente el PRI —y su satélite el Verde Oportunista— están en contra del retorno del —momentáneamente— ex fiscal electoral a su puesto. Pero les faltan tres votos para obtener este triunfo político tan necesario para el futuro electoral del tricolor.

La oposición —PAN, PRD, Movimiento Ciudadano, además de Morena y PT más los cuatro independientes hacen mayoría, siempre y cuando los seis disidentes panistas demuestren que están peleados con Ricardo Anaya pero a favor de la democracia.

El viejo zorro Emilio Gamboa sugirió (…) el voto secreto, tal vez con la intención de hacer cambiar de opinión, mediante la compra del voto, de algunos "opositores" partidarios del dinero. El voto por cédula secreta no es un hecho, lo puede revertir el pleno. Pero Gamboa lo justificó porque sirve para evitar represalias: “Como hacemos con los Ministros de la Corte —ejemplificó— para que no alguien... que vote contra algún Ministro, el Ministro diga: ‘Tú votaste contra mí y tengo un caso tuyo’”. Lo dicho por el senador, Sigmund Freud lo llama Proyección de Personalidad: “Como yo soy capaz de tomar venganza si votan contra mí, también los demás son capaces de hacerlo”.

Es un hecho que con la destitución de Santiago Nieto, dio comienzo la guerra sucia que se avecina para los comicios del 2018. Nunca antes el Poder Legislativo tuvo el modo de echar para atrás una decisión del Poder Ejecutivo en el cese de un funcionario. No necesita vivir muchos días quien quiera saber de qué lado masca la iguana en el Senado de la República, si del lado del PRI, de la corrupción, de Lozoya y de Peña Nieto o del lado de la democracia y de lo mejor para México.

Carta aclaratoria  

Estimado Luis Miguel:

En relación con mi columna El Privilegio de Opinar, publicada el día de ayer en el periódico que diriges, con el título “Peña contra Nieto”, en donde tuve como tema la defenestración del fiscal de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE) Santiago Nieto, quisiera manifestarte que, al margen  del giro que tomó el acontecimiento el día de ayer mientras yo escribía dicha columna, deseo hacer una rectificación: Escribí: “El viejo zorro Emilio Gamboa sugirió (…) el voto secreto, maniobra con la cual piensa que podrán ‘maicear’ —es decir comprar el voto— de algunos ‘opositores’ que en realidad son partidarios del dinero”.

La rectificación que te pido es el concepto sobre lo que piensa el Senador, ya que no tengo facultades adivinatorias como para afirmar lo que ocurre en la mente de una persona.

El párrafo aludido debí haberlo escrito así: “El viejo zorro Emilio Gamboa sugirió (…) el voto secreto, tal vez con la intención de hacer cambiar de opinión, mediante la compra del voto, de algunos ‘opositores’ partidarios del dinero”.

Mucho te agradeceré la publicación de la presente, de ser posible, con el mismo peso y ubicación de mi precitada columna. Esto lo hago motu proprio porque, reitero, no puedo asumir lo que piensa el senador Gamboa, que independientemente de mi percepción sobre su actuación pública es imposible dejar de reconocer su sagacidad, inteligencia y experiencia —de ahí lo de viejo zorro— en las lides políticas.

Agradeciendo tu atención y la publicación de la presente quedo a tus órdenes.

ManuelAjenjo

Escritor y guionista de televisión

El Privilegio de Opinar

Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros.