La mula no era arisca, los palos son los que la hicieron, dice el refrán popular con el que se quiere significar que los malos tratos, las mentiras y las injusticias vuelven recelosos, incrédulos y desconfiados a quienes los sufren.

Me remito al dicho para tratar de explicar las suspicacias generadas entre la ciudadanía por el accidente del edifico B2 de la torre de Pemex, sucedido el pasado jueves, con un saldo de 36 muertos y 120 heridos.

El aciago acontecimiento ha provocado tristeza por las víctimas, solidaridad hacia los familiares de éstas y un buen número de versiones -algunas disparatadas- sobre las causas del mismo.

Antes de aventurar hipótesis sobre los factores, posibles causantes, del nefasto evento, la lógica indica que deberíamos esperar un tiempo razonable para que las autoridades correspondientes nos digan qué fue lo que provocó tamaña desgracia.

Aquí es donde la mula que somos como sociedad se vuelve arisca -en este caso, incrédula- por los palos que nos han dado: Se investigará hasta las últimas consecuencias y no descansaremos hasta dar con los responsables, caiga quien caiga . Levante la mano aquel lector al que le parezca haber oído en varias ocasiones ésta o similar frase. (Aquí, imagino frente a mí una multitud de lectores con la mano alzada como si les hubiera dado una tarjeta de Soriana para que apoyaran mi aseveración acerca de la repetición de la expresión que, de tanto decirse en vano, se volvió lugar común en el que nadie cree).

1982

La del pasado jueves no es la primera contingencia peligrosa que ocurre en el edificio B2 de la torre de Pemex. El 6 de septiembre de 1982, en la misma área donde ahora ocurrió el accidente, se desató un incendio. Era de noche. El fuego fue controlado. No hubo víctimas. Ésta fue la versión oficial, a la que se le dio muy poca difusión.

Óscar Álvarez, en aquel entonces, dirigente del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, declaró, el pasado viernes al diario La Jornada que el susodicho incendio fue provocado con el objetivo de desaparecer los documentos relacionados con la compra fraudulenta de los barcos Cantarell y Abkatún.

Aquí, el recuerdo me lleva al ingeniero Jorge Díaz Serrano, Director de Pemex desde el comienzo de sexenio de López Portillo y hasta el 6 de junio de 1981, cuando los países de la OPEP redujeron los precios de su petróleo. Díaz Serrano recomendó homologar el precio del petróleo mexicano al de los otros países petroleros. El gabinete económico se opuso. Pemex perdió sus clientes internacionales. Jorge Díaz Serrano tuvo que renunciar a la Dirección de Petróleos Mexicanos y, con ello, se desinfló su posible candidatura a la Presidencia de la República.

Como todos sabemos, el dedo del Señor favoreció a Miguel de la Madrid. Díaz Serrano alcanzó un premio de consolación: fue postulado por el PRI -lo que significaba electo en automático- a Senador por el estado de Sonora. Por órdenes del nuevo Presidente y en aras de la renovación moral de la sociedad -lema de campaña de De la Madrid-, Díaz Serrano fue desaforado como legislador. Se le imputó un fraude a la paraestatal petrolera por 5,000 millones de pesos en la compra de dos buques-tanques gaseros. Permaneció en prisión cinco años.

Personas de tanta solvencia moral como la periodista y poeta Margarita Michelena y el gran Abel Quezada, entre otros, declararon en múltiples ocasiones ser capaces de meter las manos al fuego por la honorabilidad de don Jorge.

Manú Dornbierer escribió: Lo acusaron de haber lucrado con los barcos Cantarell y Abkatún, a sabiendas que el propio López Portillo había ordenado a un alto funcionario de Pemex hacerle ganar a su hermana, Alicia López Portillo, un porcentaje sobre la compra de dichos barcos .

Miguel de la Madrid opinó así sobre el caso Díaz Serrano: Es sano que se conciba (entre sus colaboradores) el principio moral de que ‘el que la hace, la paga’. Indiscutiblemente que ahora los funcionarios trabajarán con más cautela (...) Luego entonces creo que el juicio de Díaz Serrano dará frutos positivos en el corto y el mediano plazo . (Uno los frutos del encarcelamiento de don Jorge en el corto plazo lo tenemos en el mismísimo sucesor de De la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, quien a decir de su antecesor se robó la mitad de la partida secreta ).

1992

El 22 de abril de 1992 en Guadalajara, Jalisco, una fuga de gasolina en un ducto de Pemex en el Sector Reforma provocó una explosión que destruyó 8 kilómetros de calle, que afectó a 1,142 hogares, 450 comercios, 100 centros escolares, 600 vehículos, y que provocó casi 2,000 heridos y 210 muertos.

Por supuesto que los encargados de atizarle palos a la mula le dijeron que se investigaría a fondo y se castigaría a los culpables y bla-bla-bla. La PGR atrajo el caso que concentró 2,156 querellas y denuncias penales que derivaron en la detención del alcalde con 22 días de antigüedad -el priísta expiatorio- Enrique Dau Flores, cuatro chivos funcionarios del Sistema Intermunicipal para los servicios de Agua Potable y Alcantarillado y otros tantos empleados de Pemex.

Todos fueron absueltos el 28 de enero de 1994. Meses después, el caso se sobreseyó; los gobiernos federal y estatal se blindaron para defender a Pemex, empresa señalada como la responsable.

A 20 años nueve meses del accidente, existen en el Archivo Histórico del Estado de Jalisco 223 cajas en las que se guardaron los miles de documentos que generó el informe oficial del siniestro. Las 223 cajas y los miles de escritos que contienen no han pasado por un proceso de clasificación. (Es tal el desbarajuste de los documentos que si usted busca información sobre el origen de la explosión, puede ser que encuentre el texto del discurso con el que Guillermo Cosío Vidaurri, a la sazón Gobernador del Estado, renunció al cargo para quitarse de broncas y retirarse para no entorpecer las investigaciones -frase con la que también nos han vapuleado en nuestra condición de mula-).

2013

Sobre la explosión registrada el jueves pasado en la sede central de Petróleos Mexicanos, el procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, afirmó: El gobierno está determinado a encontrar la verdad de los hechos, sea cual sea. Si se trata de un accidente, si se trata de una imprudencia, si se trata de un atentado, sea lo que sea . La frase, otra vez, nos recuerda nuestra condición de mula recibiendo golpes -como la acémila anda de Luna de Miel con el nuevo gobierno escribí golpes porque si escribo palos puede malinterpretarse la metáfora-.

Como a decir del propio Murillo Karam todas las hipótesis están abiertas , la sociedad hace alarde de su poder de deducción y a través de las redes sociales le ha dado vuelo a su imaginación: Se ha dicho que se trata de un autoatentado con miras a la privatización de la empresa con el argumento de que es necesario una modernización de ésta. Inclusive se ha afirmado que se trata de una agresión a cargo de una trasnochada guerrilla que ni siquiera reivindicó el ataque. Otra versión se refirió a un atentado adjudicado al cártel de Los Zetas por una aparente confrontación con el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Todo menos aceptar la posibilidad de un accidente.

Por mi parte, yo también soy arisco y tengo dos interpretaciones de los hechos, una más jalada que la otra. Primera: No Los Zetas por su confrontación con Osorio Chong, sino el crimen organizado en pleno planeó el atentado, en vista de que a pesar de los 1,758 asesinatos que han cometido en lo que va del gobierno de Peña Nieto, no le han dado juego en los medios como se hacía en la época de Felipe Calderón. Segunda: Temerosa de que la razia de la perrada de Iztapalapa sea secundada por una algarada en contra de los perros finos como sus mascotas Keiko, Boli y Morgancita, la simpática Paulina Romero le pidió a sus papi que mandara a dos que tres de sus guarros del Sindicato a poner una bomba en el precitado edificio pa’ que se enseñen a respetar a los perros.