Lo que deben hacer las instancias de impartición de justicia, particularmente la Suprema Corte de Justicia de la Nación, es generar claridad en sus criterios. 

Desde luego, hace falta trabajar en algunos rubros en relación con cuestiones de género, sin embargo, una cosa es que se deba seguir recorriendo el camino a favor de los derechos de la mujer y otra muy distinta, es que se tiren las flechas para donde caigan, porque esto podría enrarecer el trabajo y camino recorrido por feministas con pensamiento y claridad de rumbo.

Aventar sin control los balones, puede llegar a ocasionar que no caigan en la portería. 

Eso es lo que sucedió con un criterio incomprensible desde el punto de vista de juzgar con perspectiva de género que ha dictado la Corte, quien pretendiendo ser garantista y progresista en cuestiones de género, enturbió instituciones jurídicas con consecuencias que no vislumbró al sentenciar. 

El concubinato es la unión de hecho -en el caso de la ciudad de México, por al menos dos años o tener un hijo o hija- entre dos personas, independientemente del sexo, que voluntariamente deciden tener una vida en común. Para el concubinato, rigen prácticamente las mismas reglas que para el matrimonio, salvo por lo que hace a cuestiones patrimoniales. 

Cuando hay separación de los concubinos -cuyo inicio o conclusión se puede registrar ante el Registro Civil y de hecho es importante que se haga de esta forma, procede el pago de alimentos en los mismos términos que como procede para el matrimonio. Los alimentos en términos generales incluyen la vestimenta, alimentación, educación, gastos médicos y vivienda. Para la parte acreedora alimentaria, es decir a quien se le deben de entregar, el pago de alimentos dura el mismo tiempo en que duró el matrimonio o el concubinato. Para los hijos rigen otras reglas. 

La Suprema Corte en el amparo directo en revisión 3727/2018, señaló que para evitar generar un prejuicio al hogar extramarital, se debe permitir que coexitan el matrimonio y el concubinato. A juicio de la Corte es inconstitucional que para que se constituya la figura del concubinato -y por lo tanto, se pueda reclamar el pago de alimentos por parte de la pareja derivada de una relación extramarital-, se exija que los concubinos deban estar libres de matrimonio. 

El permitir que coexistan una familia constituida a través del matrimonio y otra paralela, a través del concubinato, no es garantismo ni progresismo, sino generar confusión múltiple. Garantismo sería permitir el poliamor, que son relaciones transparentes sin daños colaterales. 

Lo trascendente del criterio de la Corte es otra cosa, no se percató de las consecuencias de su criterio. 

Los efectos de esta sentencia, están relacionadas con cuestiones de seguridad social, porque en el IMSS, ISSSTE e ISSFAM, solamente se puede registrar al o a la cónyuge o concubino/a del trabajador o trabajadora, pero hasta este momento, no se permite registrar como beneficiarios al mismo tiempo a un cónyuge y a un concubino derivado de una relación extramarital. Permitir el registro múltiple tendrá consecuencias también por lo que respecta a las pensiones por viudez, porque a la muerte del trabajador o trabajadora, se deberán pagar dos pensiones por viudez, la de la cónyuge y la de la concubina derivada de la relación extramarital que deberá permitirse su inscripción. 

La salida que le dio la Corte a este asunto rompe con la lógica porque hasta este momento tanto el matrimonio como el concubinato requieren que la unión sea entre dos personas. De manera que, si es que se buscaba la manera de proteger con perspectiva de género las relaciones extramaritales y evitar los perjuicios sociales en particular de las mujeres que tienen relaciones extramaritales, se debió encontrar un argumento extendiendo únicamente el pago de alimentos a esas relaciones, pero no a costa del concubinato. 

El pago de alimentos derivado de la ruptura de una relación extramarital, sí se debe poder ejercer, pero es independiente de si se actualizaba o no la figura del concubinato en forma paralela al matrimonio. 

Lo que se debe en su caso discutir por parte del legislador es el nuevo tipo de familia que es la que se deriva del poliamor. Muchos jóvenes están preparados para estas uniones poliamorosas porque no hay engaño y ellos no quieren vivir bajo trampas. Todos los miembros de una familia poliamorosa conocen estas relaciones. Asimismo, en cuestiones de seguridad social se regularía claramente quienes serían las o los beneficiarios, así en plural. En cambio, con las familias extramaritales, hay un factor que es el factor sorpresa, el ocultamiento y el daño colateral, teniendo claro que cada uno decide qué hacer con su vida y nadie debe juzgar. 

Legislar sobre le poliamor no debería ser tabú, porque resulta claro que los tipos de familia han ido cambiando a lo largo de los años, se ha pasado de aquella constituida únicamente por el matrimonio de un hombre y una sola mujer con la finalidad de procrear, hasta pasar por aquellas familias monoparentales, homoparentales y, recompuestas, derivadas de distintas uniones como es del matrimonio, concubinato o sociedad de convivencias. De manera que, si se busca un nuevo tipo de familia, en donde no haya prejuicios, sería la más libre que es la basada en el poliamor, a través de su regulación por parte del poder legislativo y posterior aplicación por parte del poder judicial. 

No se ve ni por dónde una relación extramarital se debe equiparar a un concubinato para efectos de reclamar el pago de alimentos. El criterio podría empezar a enturbiar la buena marcha de juzgar con perspectiva de género y todo lo que hay que hacer en ese rubro. Todo asunto que llegue en este sentido, se deberá resolver igual, es decir, dando el pago de alimentos bajo el argumento de la coexistencia de un matrimonio con un concubinato.