Se estima que las actividades humanas causaron aproximadamente 1.0°C de calentamiento global por encima de los niveles preindustriales con un rango probable de 0.8 a 1.2°C. Sin embargo, es probable que el calentamiento global alcance 1.5°C entre el 2030 y el 2052 si continúa aumentando al ritmo actual.

El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático señala que para limitar el calentamiento global a 1.5°C se necesitarían transiciones rápidas y de gran alcance en la tierra, la energía, la industria, los edificios, el transporte y las ciudades.

Sería necesario que las emisiones netas globales de dióxido de carbono (CO2) de origen humano disminuyeran en el 2030 alrededor de 45% respecto de los niveles del 2010, y siguieran disminuyendo hasta alcanzar el cero neto aproximadamente en el 2050.

Por ejemplo, en el 2100 la elevación del nivel global del mar sería 10 cm inferior con un calentamiento global de 1.5°C en comparación con uno de 2°C. Los arrecifes de coral disminuirían entre 70 y 90% con un calentamiento global de 1.5°C, mientras que prácticamente todos ellos (>99%) desaparecerían con uno de 2°C.

Cada porción extra de calentamiento es fundamental y, en la medida en que el calentamiento avanza, se incrementa el riesgo asociado a cambios duraderos o irreversibles, como la pérdida de algunos ecosistemas y la aparición con mayor frecuencia de fenómenos climáticos devastadores.

En ese contexto, la importancia de implementar mecanismos financieros para mitigar el cambio climático resulta fundamental. Al respecto, FIRA, entidad de fomento del gobierno federal, originada en el Banco de México, impulsa el financiamiento de proyectos sustentables mediante la emisión de bonos verdes, hasta el momento, por 2,500 millones de pesos destinados principalmente a financiar proyectos de agricultura protegida, como invernaderos sustentables y uso eficiente del agua a través del riego por aspersión, goteo y microaspersión.

A nivel internacional, un ejemplo es el banco holandés ING, quien comenzará a evaluar su cartera de préstamos de $600,000 millones en función del impacto climático, un primer paso para cambiar toda la cartera y cumplir con las reducciones de emisiones requeridas por el acuerdo climático de París.

ING ha experimentado con tasas de préstamos vinculadas a las emisiones de carbono, es decir, aumentaba la tasa de interés a medida que las emisiones contaminantes se incrementaban y disminuía si el desempeño ambiental mejoraba. Además, ha dejado de otorgar préstamos a las compañías de carbón y la cartera de préstamos va dirigida a proyectos con una economía baja en carbono.

*Mario Alberto Santiago Ortega es especialista en el CDT Tantakin de FIRA. La opinión aquí expresada es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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