Después de analizar el documento oficial, consideramos que no existieron sorpresas respecto a la dirección de la política fiscal, sin embargo, es fundamental mencionar el optimismo que percibimos en sus supuestos y los importantes factores que pondrían en riesgo la ejecución de sus políticas

El pasado 8 de septiembre el titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) , Arturo Herrera, hizo entrega al Congreso de la Unión su propuesta de Paquete Económico para el ejercicio fiscal 2021, el cual incorporó la proyección de ingresos y gasto público para el próximo año.

En particular, se reconocieron algunos puntos que marcarán el rumbo de las decisiones de política fiscal durante el próximo año, entre los que destacan el compromiso del Gobierno federal de mantener la disciplina y prudencia de la política fiscal ante un entorno económico de marcada incertidumbre, con lo que se descartó la posibilidad de aplicar política fiscal contra cíclica.

En la misma línea, como se esperaba, se mencionó que no existe la intención de incrementar los impuestos existentes ni crear nuevos hasta demostrar una mayor eficiencia en el ejercicio del gasto público.

Después de analizar el documento oficial, consideramos que no existieron sorpresas respecto a la dirección de la política fiscal, sin embargo, es fundamental mencionar el optimismo que percibimos en sus supuestos y los importantes factores que pondrían en riesgo la ejecución de sus políticas.

Primeramente, destaca su pronóstico de crecimiento económico. La Hacienda pública estimó para el 2020 una contracción puntual de 8%, mientras que para el 2021, esperó que la actividad económica rebote en 4.6 por ciento.

Los fundamentos de tal pronóstico se basan en una proyección en el crecimiento de Estados Unidos de 3.8% para el 2021, lo que potenciaría la reactivación de sectores económicos mexicanos integrados a través del T-MEC.

De igual modo, percibimos un especial optimismo en el desarrollo favorable de una vacuna contra la actual afectación que otorgue mayor dinamismo a la remoción de las medidas de confinamiento.

Como hemos mencionado con anterioridad, en nuestro caso, estimamos una pronunciada caída de 12% para el 2020 que responde a los estragos que ha provocado la crisis del coronavirus en todos los componentes de la demanda agregada, golpeando con especial fuerza al sector de la inversión.

Para 2021, nuestro pronóstico asciende a 2%, no obstante, dicha variación positiva responde, en gran medida, al beneficio de la base comparativa y no a que percibamos una aplicación de política pública encaminada a favorecer condiciones de recuperación económica.

En cuanto al componente inflacionario, se prevé una inflación anual para el cierre de 2020 de 3.5%, la cual se encontró por debajo de la línea esperada por el consenso de mercado.

Para las estimaciones de finanzas públicas, se consideró una paridad nominal peso/dólar al cierre de 2020 de 22.30 pesos por dólar, mientras que, para el cierre de 2021 tal paridad se ubicó en 21.90 pesos por dólar.

Respecto al sector petrolero, el gobierno federal estimó un precio para la mezcla mexicana de 34.6 dólares por barril en 2020, mientras que para 2021 pronostica un precio de 42.1 dólares por barril.

Consideramos realistas tales estimaciones, no obstante, el documento oficial proyecta para 2021 una plataforma de producción de crudo que asciende a los 1,857 miles de barriles diarios, lo cual supondría regresar a niveles de extracción petrolera de hace dos años.

Lo anterior destaca debido a que, si bien ha habido inyección de capital desde el gobierno hacia Pexex y menor carga tributaria, la paraestatal continua con sus planes de invertir en actividades cuya rentabilidad no es clara.

Como consideración final debemos señalar que, por un lado, la implicación de suponer una recuperación pronunciada en el crecimiento económico 2021 (4.6% a/a) favorece una sobrevaloración de los ingresos tributarios, lo que llevaría a un déficit fiscal mayor al establecido.

Por otro lado, aunque el nivel de precios para el sector petrolero nos parece adecuado, consideramos ambiciosa la meta en la plataforma petrolera, lo que en el mismo sentido que el punto anterior, sobrevalorará los ingresos presupuestados que se presentaron al Congreso.

De igual modo, cabe resaltar el segundo efecto del petróleo en la dinámica económica de México; al no llegar a las metas planteadas en la producción de crudo, Petróleos Mexicanos necesitará ayuda adicional del Gobierno federal, generando mayores presiones sobre la Hacienda pública, lo que podría llevar a recortes adicionales tanto en la calificación soberana como en la de la paraestatal.

Finalmente, dada la compleja coyuntura económica y la incertidumbre aún prevaleciente, consideramos que la adición de un nuevo esquema tributario se podría empezar a materializar a mediados del sexenio.