El reto del PSOE y de Unidos Podemos no es sólo construir un gobierno estable en un país que ha perdido la capacidad de conformar mayorías parlamentarias, sino el de llevar a cabo un programa de gobierno que se traduzca en beneficios concretos para las mayorías que han perdido calidad de vida, oportunidades y que han sufrido las consecuencias de las lacónicas políticas de ajuste posteriores a la crisis del 2008. Un gobierno que retome la raíz socialdemócrata y laborista del PSOE e incorpore las nuevas demandas y agendas contemporáneas de un partido como el de Podemos, un gobierno como ése es el que podría mantener y recobrar un consenso social para buscar el progreso, que sería el antídoto mortal de la ultraderecha.

Es claro que el miedo al crecimiento de Vox ayudó, por suerte, al voto en favor del socialdemócrata PSOE. Otros factores también influyeron: el impulso al salario mínimo como parte de su coalición de gobierno con Podemos. El resultado es que el progresismo obtuvo más de 43% de los votos y seguramente logrará formar un gobierno junto con los partidos regionales que no son separatistas. El reto es enorme, no solamente porque se tendrá que pactar con partidos que no son de izquierda, sino porque el crecimiento de la opción de ultraderecha aseguró presencia en el parlamento y será un riesgo permanente para la democracia española y europea.

La agenda a seguir es evidente: mejorar servicios públicos, pensiones, sistema de salud, pero también evitar la tendencia a la pauperización del empleo. Lo que se tiene que demostrar es que los culpables del empleo precario no son los migrantes, como dice Vox, sino que es posible revertir la desregulación ocasionada por la reforma del 2012 por un sistema de protección que garantice mínimos de bienestar y más empleo. Todo eso también implica perseguir una agenda fiscal que deje de lado las facilidades tributarias a las personas de mayores ingresos, que grave mejor la renta, y sobre todo las ganancias de las multinacionales, especialmente las relacionadas con la nueva economía digital. El gobierno de izquierda estable sería uno que fortalezca a la unión europea, pero exija mejores mecanismos de gobernanza y políticas que fortalezcan la capacidad de acción de los estados, como políticas tributarias comunes que eviten la competencia fiscal entre los países miembros de la unión.

La combinación de la vieja socialdemocracia —constructora del estado de bienestar, la del PSOE— con la izquierda contemporánea que representa Podemos pinta a ser la respuesta de los demócratas a los movimientos ultranacionalistas y de derecha extrema, que no creen en derechos universales y culpan a los inmigrantes de sus males. Claro, falta que esa coalición lidie con el asunto del separatismo, que es todo un tema aparte.

VidalLlerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.