El 10 de diciembre del 2010 el gobierno federal anunció que durante la madrugada del día anterior las armas nacionales se habían cubierto de gloria, ya que en un épico operativo en Apatzingán, Michoacán, la Policía Federal, la heroica institución dirigida por el ingeniero electricista, cineasta de vocación y actualmente empresario en Miami, Florida, Estados Unidos, Genaro García Luna, había dado muerte al peligroso narcotraficante Nazario Moreno González, El Chayo, fundador de la organización criminal La Familia Michoacana y, posteriormente, líder e ideólogo del cártel llamado Los Caballeros Templarios.

La hazaña sólo tuvo un pero, por demás insustancial. No existió el cadáver del supuesto muerto. El cuerpo sin vida del temible capo fue recogido por integrantes de su banda delictiva, por lo que no pudieron presentarse evidencias materiales de su fallecimiento. La ausencia de fiambre no fue óbice para que Felipe Calderón se echara unas festivas frías. Sobre el muerto las coronas –se dijo. Sin embargo, al enterarse que no había muerto, cambió las Coronas por Indio -al fin y al cabo a un capo con este alias sí lo habían atrapado meses antes.

Por su parte, el ingeniero García Luna, al que se le escapó el cadáver de Moreno González, organizó un convivio para sus cuates los reporteros, los cómodos y gentiles, de la fuente policiaca, a quienes les dijo que si bien por la razones ya sabidas no les podía presentar al occiso apodado El Chayo, en su lugar les haría entrega de un sobre con el mismo sobrenombre.

Celebrar con chelas y otras bebidas alcohólicas si bien causa en quien lo hace gran euforia y pérdida de la autocrítica, postreramente atrofia la memoria y ocasiona que tres años y tres meses después de preconizar un supuesto triunfo personal y de su equipo, felicite, sin rubor alguno, al gobierno de su sucesor por aquello que festejó en el propio. En el colmo de la amnesia, a través de twitter, el ex presidente Calderón felicitó a la administración encabezada por Enrique Peña Nieto por la muerte de Nazario Moreno, alias El Chayo. Alguien con mejor memoria hubiera emitido una felicitación similar, pero aclarando que ésta era motivada por la segunda muerte del delincuente.

San Nazario

Cuando el gobierno dio por muerto a Nazario Moreno nació su leyenda y su imagen mesiánica. Se erigió una figura de yeso con el rostro del capo, como si fuera un santo, vestido de templario. Estampas con su imagen y la leyenda: Oh, señor, todo poderoso. Líbrame de todo pecado. Dame protección bendita a través de San Nazario , eran vendidas a la fuerza por sus hombres entre los habitantes de Apatzingán.

Esta misma efigie se imprimió en los libros y panfletos que difunden su ideario con el que adoctrinó a sus adeptos y cómplices: su evangelio , un manual espiritual –Código Nazario-, texto que pregona una contradictoria ideología mezcla de principios cristianos, judíos y musulmanes, que impide, por ejemplo, consumir drogas, sólo traficarlas; evitar el alcoholismo y procurar la unidad familiar; propaga una especie de culto religioso que justifica la tortura y homicidio de sus rivales, como parte de una acción de limpieza espiritual y de justicia divina.

Me informan que una editorial especializada en libros de autoayuda está muy interesada en publicarlo con el título El cielo para malandrines.

El PRI

El 2 de julio del año 2000 el PRI, representado por Francisco Labastida Ochoa, perdió su primera elección para presidente de la República desde que fuera fundado con el nombre de Partido Nacional Revolucionario, por Plutarco Elías Calles.

No faltaron quienes lo dieron por muerto a manos de un rústico y lenguaraz ranchero guanajuatense: Vicente Fox. La verdad es que al panista se le fue vivo el dinosaurio. Carente de experiencia y capacidades políticas confundió gobernar con vender refrescos de cola. Por si fuera poco su señora esposa y los hijos de ésta hicieron que le saliera una ídem. Pronto bajó la cortina.

Para el 2006 el PRI siguió con la brújula perdida. Su candidato Roberto Madrazo quedó en tercer lugar en la contienda por la presidencia. Haiga sido como haiga sido llegó a Los Vinos Los Pinos Felipe Calderón, que tampoco quiso o pudo abatir al dinosaurio. Prefirió establecer una guerra lucha contra la delincuencia organizada –ya para entonces lo único organizado en el país. El PRI sobrevivió el calderonato y con gran fuerza llegó al 2012. Como Los Templarios erigieron una figura –no de yeso- de carne, hueso y copete, de la cual repartieron estampas –no las vendieron a fuerza-; por el contrario, las regalaban a cambio de un voto y eran canjeables en Soriana.

El pasado 4 de marzo el PRI resucitó, volvió a ser el partido de siempre, recuperó sus antiguas formas, las que le dieron resultado durante más de 70 años, las de la sana cercanía con el presidente de la República: el fiel de la balanza, el jerarca máximo del partido ahora en su calidad de miembro del Consejo Político Nacional.

Señoras y señores, la presidencia imperial está de regreso.

Oí por ahí

Me lo dijo el humorista catalán Jaime Perich: cuando Lincoln dijo aquello de que No se puede engañar a todos todo el tiempo , nos estaba engañando.