Luis Almagro se ha convertido en la bestia negra para varios presidentes latinoamericanos.

Mañana, en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), su nombre estará sobre la mesa durante lo que parece será un juicio en contra de su gestión al frente de la Organización de Estados Americanos (OEA).

El 7 de mayo de 2014 dos funcionarios abordaron el vuelo 984 de American Airlines con destino a Washington. Julissa Reynoso y Luis Almagro iban sentados codo contra codo. Ella, embajadora de Estados Unidos en Uruguay, nacida en República Dominicana. Él, ministro de Exteriores del popular presidente de Uruguay, José Mujica.

Julissa ha sido propuesta por el presidente Biden para ocupar la embajada en Madrid y su conformación por el Senado está pendiente.

Durante el vuelo a Washington, Julissa apartó su vista de la revista Harvard Business Review para interrumpir a Almagro: “Oye, Luis, ¿qué vas a hacer con tu vida después de esto?”. Almagro respondió de manera inmediata: “No sé”.

Julissa Reynoso confiesa a los periodistas Martín Natalevich y Gonzalo Ferreira que ella fue la primera persona que incentivó a Almagro postularse como secretario general de la OEA en sustitución del chileno José Miguel Insulza.

Así lo narran los dos periodistas uruguayos en su libro Luis Almagro no pide perdón (Planeta, 2021).

Tras cinco años de ser el canciller de un exguerrillero de izquierda de los 60, José Mujica, Luis Almagro saltó a un lugar de jerarquía continental como es la OEA, cuya imagen siempre es nutrida por sus enemigos al señalarla como “ministerio de las colonias de Estados Unidos”.

Fue José Mujica quien propuso de manera oficial a Luis Almagro para encabezar a la OEA. La crisis económica de 2009 hizo reflexionar a Almagro para planear su futuro a mediano plazo. Como buen jugador de ajedrez, Almagro pensó no en las primeras jugadas de una partida sino en las intermedias, así decidió acercarse al Movimiento de Participación Popular (MPP) de Mujica.

El popular presidente uruguayo convenció al chavismo de que acogiera a Almagro. Maduro no quería apoyar su candidatura.

Luis Almagro se presentó como continuista de Insulza. Su intención sería no molestar a Cuba e, incluso, trataría de abrirle espacio en el sistema interamericano.

Algo más, Almagro prometió que no buscaría su reelección. Algo que no cumplió.

En su discurso de aceptación del cargo, el 18 de marzo de 2015, Almagro indicó que “llegó la hora de ponerle fin a fragmentaciones innecesarias”, y dos meses después dijo: “Trabajaremos para que Cuba pueda integrarse plenamente a la OEA”.

El primer año de su gestión intentó acercarse al círculo cercano del presidente Obama. No pudo. El presidente de Estados Unidos había emprendido un acercamiento con Raúl Castro y no contempló tejer vínculos con la OEA. “El ajedrez de Obama para América Latina era el deshielo con Cuba y la paz en Colombia”, comenta Héctor Schamis, asesor de Almagro en la OEA.

Gustavo Cinosi, asesor cercano a Almagro pudo extender vínculos con el gobierno de Donald Trump gracias al exagente de la CIA, Juan Cruz. Almagro sufrió una dura frustración por no haber logrado vincularse con Obama. Con Trump sería otra historia. Mauricio Claver-Carone, hijo de disidentes cubanos ya conocía a Cinosi y guardaban excelente relación.

A Almagro le regresó la sonrisa en el momento en que Juan Cruz fue designado por Trump como director del Consejo de Seguridad Nacional para el Hemisferio Occidental.

Fue el momento en que Almagro rompe la inercia que dejó Insulza en la OEA; adiós a la cercanía con el chavismo.

(Continuará)

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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