En tiempos de Covid-19, la nueva normalidad es un concepto tan movilizado en los diferentes discursos públicos, que nos cuestionamos qué es lo que dice la sociología al respecto.

¿Qué es lo normal? En la acepción común del término, lo normal nos parece lo usual, lo habitual, lo que no se hace fuera de la norma. En sociología, lo normal es un objeto de estudio bajo el concepto de norma social. La norma social es aquello que se establece como lo común, lo socialmente aceptado y está intrínsicamente vinculado con los conceptos de desviación social. Lo socialmente aceptado varía, sin embargo, entre una cultura y otra, y está asociado a los usos y costumbres. Lo socialmente rechazado se considera una desviación. También, las normas sociales varían al interior de una misma sociedad, en función de diferentes sectores de la población.

Cuando se habla de la nueva normalidad, pareciera que se hace implícito que el nuevo orden de reglas y normas post-Covid-19, sería culturalmente aceptado y socializado por todos los miembros de la sociedad. Aquí es donde cuestionamos para quién y de quiénes hablamos en esta nueva normalidad. Será que lo normal, para algunas personas que pueden estar en confinamiento, es elaborar platos de cocina que nunca habían intentado hacer, ¿o sólo es un efecto del confinamiento? ¿Será que la nueva normalidad se hará manifiesta, por ejemplo, en los lugares para salir a comer como los restaurantes, que han implementado dispositivos preventivos para el contagio? Ese supuesto nuevo orden pareciera que sería solamente perceptible por aquellos que antes de la pandemia tenían acceso a lugares concurridos, a restaurantes, a bares, espectáculos y demás lugares de consumo que si bien están masificados, no son parte de la vida cotidiana de un gran número de personas. Además de la condición socioeconómica, las diferencias con las que se vive la pandemia, también responden a las condiciones geográficas, ambientales y culturales. Hay lugares donde, probablemente, el virus no llegó a afectar a los habitantes de un pequeño poblado, donde el confinamiento era una noticia ajena perteneciente a las grandes ciudades, o lugares en donde el procurarse un cubrebocas implica sacrificar el dinero previsto para la comida del día.

La supuesta nueva normalidad no es entonces una idea generalizada sobre las nuevas normas de convivencia social. Responde a diferencias que están ancladas en las características más profundas de nuestras sociedades. La nueva normalidad responderá, por lo tanto, a las condiciones de vida que se tenían antes de la pandemia.

¿Qué usos y costumbres de la nueva normalidad serán adoptados masivamente de forma que se vuelvan una norma social? El trabajo a distancia, las formas de comprar y consumir alimentos, las medidas de distanciamiento social y todos los cambios de la vida cotidiana alrededor del virus serán parte de la nueva normalidad en la medida en la que se conviertan en normas sociales. Y, al menos, como lo ha demostrado la historia, estas normas se introducen de manera intempestiva ante las crisis —como lo es el Covid-19—, se establecen con base en el poder institucionalizado y se masifican en la medida en la que son aceptadas socialmente. Para ello, habrá que esperar todavía un tiempo para su instauración dentro de las normas sociales y, desde ya, se vislumbra que cuando hablamos de nueva normalidad siempre habrá que contextualizar para quiénes funcionan esas nuevas normas, bajo qué esquema y con qué realidad previa al Covid-19.

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Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.