La actual campaña electoral federal, en la recta final que está experimentando, dejará a mi juicio dos postales que la marcarán: principalmente, el debate organizado por los estudiantes del movimiento #YoSoy132 y, en menor medida, el exceso en que todos los partidos y candidatos presidenciales se deslindaron de diferentes personajes y acontecimientos inadecuados a las campañas que están en los últimos suspiros.

En estricto sentido, ninguna de las dos cosas tendría por qué ser una novedad. En un proceso electoral, es perfectamente normal y cotidiano que candidatos y partidos se confronten (debatan) y que hagan pronunciamientos y controles de daños ante acontecimientos que pudieran impactar negativamente el curso de la campaña (deslindarse).

Lo singular de este proceso fue la ruptura de esquemas tradicionales en el caso del debate #YoSoy132 y el abuso en el deslinde.

Veamos primero el más importante. Se sabe que hay ciertos códigos en los debates presidenciales. Los candidatos que van arriba en las encuestas son conservadores y no se quieren exponer ni arriesgar su ventaja. Los que se encuentran abajo, pero cerca, buscan ávidamente el mayor número de debates posibles para reducir la brecha y para los que no tienen posibilidades de triunfo, el escaparate publicitario es igualmente bienvenido.

Ahora bien, por las oportunidades que ofrecen los debates para provocar un reacomodo de los pesos relativos entre los contendientes, partidos y candidatos, le dedican eternas sesiones de discusión para acordar el formato del debate.

Y, tradicionalmente, lo que habíamos presenciado en México eran debates organizados por la autoridad electoral, pero con formatos extraordinariamente rígidos.

Por supuesto, no hemos llegado al óptimo en la materia. Pero lo que presenciamos el martes 19 de junio fue un paso significativo en la dirección correcta.

No tuvo el alcance que hubiera tenido de haber sido transmitido en los principales canales de televisión de aire (valga aquí indicar el aporte de #YoSoy132 para que el segundo debate presidencial celebrado en Guadalajara sí se difundiera en los canales de mayor rating de las televisoras, ni contó con el elenco completo de los candidatos presidenciales (lo cual, por supuesto, hubiera sido lo deseable, como en cualquier debate).

Con todo, son mucho mayores los valores asociados con el ejercicio. Por primera vez, el debate se realizó en el importante y masivo foro de las redes sociales (origen del movimiento estudiantil), los candidatos que asistieron pudieron presentar sus propuestas, atacarse, defenderse y polemizar en un formato mucho menos restrictivo, en el que las tomas de cámara permitían ver los gestos de todos los panelistas, que además, debatieron sentados (otra novedad).

La conducción y moderación compartida tuvo un mayor grado de libertad que la sola función de otorgar la palabra y cortar intervenciones al agotarse el tiempo.

Si bien la cobertura fue limitada por las condiciones técnicas y la saturación de las páginas en las que se transmitió, el ejercicio marca un sólido precedente para realizar en el futuro debates presidenciales más dinámicos, ágiles y que permitan percibir al público mejor el fondo y la forma de los candidatos.

El segundo tema se refiere al deslinde. Según la Real Academia Española, un significado de deslindar es aclarar algo de modo que no haya confusión en ello . Y candidatos y partidos, en su legítima estratégica, pueden hacer las aclaraciones y los señalamientos para evitar confusiones que consideren pertinentes. Muy bien hasta aquí. Pero, en la campaña que está por terminar, la frecuencia con que se dieron los episodios para deslindarse fue muy notoria.

Hubo deslindes de expresidentes, dirigentes sindicales, expresidentes de partidos, exgobernadores y exfuncionarios públicos señalados por vínculos con algún tipo de crimen organizado Hasta entre los mismos estudiantes del #YoSoy132 hubo deslinde ante los dichos de un estudiante –ahora exmiembro del movimiento- relativos a presuntos apoyos económicos por parte de algún partido político.

Titulares, cintillos, entrevistas, discursos, conferencias de prensa, mesas redondas, debates (por supuesto): en todos ellos hubo una amplia cobertura a los deslindes.

Si la picaresca política -ésa que permite que cada tanto se incorporen vocablos o expresiones a la jerga política- hubiera estado un poco más receptiva, probablemente el deslindamiento se habría incorporado a otras tantas expresiones del lenguaje político, como la concertasesión, el sospechosismo, la comentocracia, o el [ ] incómodo (poner aquí el parentesco familiar que corresponda), por el uso y abuso de la acción de deslindarse durante la campaña.

Por último, otra de las temáticas relevantes del proceso electoral por concluir, fue la guerra de las encuestas . Pero tendrá mayor sentido comentar el tema una vez que se conozcan los resultados de las elecciones presidenciales. Que están ya a la vuelta de la esquina.

*Catedrático del Instituto Tecnológico Autónomo de México, ITAM.