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Opinión

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Nostalgia del caviar: ¿cuándo terminará el Covid-19?

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Foto: AFP

Vivimos con miedos. Y esos miedos nos influyen, forman costumbres y hasta determinan arquitecturas, gustos culinarios, vestimentas o el arte. Pero los miedos siempre compiten contra la necesidad y, al final, esta siempre se impone, aún a costa de poner en riesgo la vida. Así ha sido y así será.

En su libro El Miedo en Occidente, Jean Delumeau nos habla de los miedos naturales (terremotos, erupciones, tormentas y epidemias) y los miedos culturales, por ejemplo, el miedo al otro, sea judío, musulmán, cristiano. Curiosamente, el autor consideraba que los miedos naturales habían quedado atrás, en los siglos XVIII y XIX. El XX era el siglo del miedo a las guerras. 

Fallecido el pasado enero de este año, Delumeau ya no pudo asomarse al regreso de ese viejo miedo global a las enfermedades. Sí, el VIH-SIDA y el ébola llenaron de miedo a cierta porción del planeta, pero esta peste llamada Covid-19 puede situarse junto a la peste negra y el cólera.

La peste fue una temible compañera de la población europea durante siglos. En Europa y la Cuenca del Mediterráneo aparecía con periodicidad en los siglos VI y VIII.  Entre 1348 y 1720 diezmó poblaciones enteras. Documentos muestran cómo podía mermar hasta un 40% de los habitantes de una región. Fue hasta el siglo XIX cuando se averiguó lo que causaba el contagio. Las ratas precedían al Nosferatu y eran mencionadas por Camus.

Antes de eso, la causa de la peste se atribuía a los astros, maldiciones, emanaciones del subsuelo o cualquier otra cosa. Se le combatía rociando vinagre sobre los objetos de uso, con sangrías, purgas, quemando aldeas enteras o encendiendo fogatas en las encrucijadas. Pero la peste no estaba sola; a veces venía acompañada del tifus, la viruela, la gripe pulmonar y la disentería. En el siglo XIX, llegó el cólera a Europa. El mismo cólera que mató a Gustav Von Aschenbach en Venecia, a principios del siglo XX. Contra la peste, Boccaccio aconsejaba: “beber mucho, disfrutar la vida al máximo, cantar y divertirse, y satisfacer todos los antojos cuando surgiera la oportunidad, y descartar todo como si fuera una gran broma”.

Dice Delumeau: “Cuando aparece el peligro del contagio, al principio se intenta no verlo. Las crónicas relativas a las pestes hacen resaltar la frecuente negligencia de las autoridades cuando había que tomar las medidas que imponía la inminencia del peligro…” ¿Hay algo nuevo bajo el sol?

Pero la pregunta subsiste: ¿cuándo terminará la pandemia del Covid-19?

En un artículo aparecido recientemente en el New York Times, Gina Kolata cita a varios expertos que señalan que las pandemias tienen dos finales: el médico y el social. El primero, obviamente, se da cuando los contagios son acotados y se reducen drásticamente. El final social es otra cosa. Este ocurre cuando la gente se sobrepone al miedo y, generalmente por necesidad o cansancio, comienza a desafiar el contagio. Dice Jeremy Greene, historiador de medicina en Johns Hopkins: “Cuando las personas preguntan: ‘¿Cuándo se acabará esto?’, preguntan sobre el final social”, no el médico. Las personas se cansan de vivir con miedo y aprenden a vivir con la enfermedad [o morir por ella].”

Esto está pasando con la pandemia del Covid-19 en todo el mundo. La historia nos demuestra que el regreso a la vida cotidiana no está determinado por datos médicos, sino por procesos sociales, políticos y económicos. Dora Vargha, historiadora de la Universidad de Exeter, asegura que los finales de las pandemias suelen ser muy desordenados, llenos de retrocesos y nuevos retos. Eso está pasando cuando los gobiernos se ven obligados a tratar de regresar a la gente al aislamiento debido a los nuevos brotes.

Si aplicamos el principio de mediocridad llegamos a la conclusión que nuestra época no es diferente a otras. ¿Por qué la forma de abordar esta pandemia sería diferente? Pese a los adelantos científicos, los seres humanos son la misma materia prima: gobiernos irresponsables, como el nuestro, que tratan de convencernos que las cosas están volviendo a la (nueva) normalidad y una población agotada de tener miedo y/o necesitada de salir a trabajar o a vivir, aunque sea un remedo de vida placentera.

De nuevo: ¿cuándo terminará la pandemia del Covid-19? Respuesta: el final social de la pandemia ha sido decretado, lo demás es anecdótico, incluso el final médico. Asómense a la calle y contemplen el miedo derrotado por la necesidad.

Decía Camus en La peste: “Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad: no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto, el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar.”

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