¿Por qué México cayó varios peldaños en la escalera de competitividad? Ahora está en los últimos diez lugares entre 43 naciones con las que puede competir y no, no fue la pandemia, porque el análisis de competitividad relativa se hizo en países en donde también hubo coronavirus, muertes, cierre de actividades y azoro por el Covid.

¿Está haciendo algo mal el gobierno o están haciendo algo mal los actores económicos? ¿Por qué México deja de ser atractivo como economía pujante? Y otra: ¿estamos en el abismo económico o vamos viento en popa como dicen los capitanes del barco?

Saco la lupa para estudiar el reporte entregado esta semana por el Instituto Mexicano para la Competitividad y me encuentro con algunos indicadores interesantes.

Por ejemplo: resulta que en desempeño económico no estamos en el agujero más negro previsto, sino en una tranquilizante mediocridad. ¿Y saben por qué? Porque la deuda externa no nos ahoga. Esa es nuestra mejor arma y gracias a eso estamos en el lugar 27 de los 43 en el salón de la estabilidad económica. Nada mal, porque además ahí avanzamos cuatro casillas entre el 2020 y el 2021.

No le resto mérito a esa disciplina financiera. Estamos lejos de estar bien, pero caray, podríamos estar mucho peor.

¿Por qué entonces estamos entre los últimos lugares? Porque en México no hay confianza, no hay salud, no hay seguridad ambiental, no hay impulso a las nuevas tecnologías, no hemos diversificado nuestras amistades comerciales en el club internacional y no tenemos agua.

No tenemos agua. Increíble que se destinen recursos a las obras cuya viabilidad financiera está en entredicho (tren, aeropuerto, refinería) y que se escatime a la hora de entregar agua en las casas mexicanas. Somos el penúltimo peor lugar en acceso al agua potable porque más de la mitad de los mexicanos no tiene. Sólo está peor que nosotros Nigeria (bastante peor), en donde sólo una cuarta parte de la población puede abrir la llave.

Si a eso agregamos indicadores como el de la vacunación elemental (sarampión y DTP), que está ausente en una cuarta parte de los bebés mexicanos, pues se entiende que seamos un lugar hostil.

El presidente tiene razón: no todo se trata del PIB. También se trata de esto, se trata de nuestra enorme vulnerabilidad ambiental, de la pésima relación de los ciudadanos y los gobiernos con nuestras policías, del penoso lugar en corrupción que seguimos ocupando aunque ya no estén los peñanietistas, de la militarización de la vida pública. Oh sí, eso también. En el indicador referido a la injerencia de las fuerzas armadas en el Estado de Derecho nos apuntamos en el lugar 36 de 43.

Podrán decir que eso es, entre otras cosas, porque ahora el ejército está en la guardia nacional, haciéndose cargo de lo que no puede hacerse cargo la poco fiable policía. Pero aunque lo digan gritando, el resultado está a la vista: también estamos en los peores lugares en homicidios, en derechos humanos y en seguridad.

Todo esto no tiene qué ver con la pandemia o las lluvias. Esto sí se relaciona con las decisiones gubernamentales. Decisiones que afectan al medio ambiente, la convivencia, la salud y la armonía de la vida pública. El Presidente tenía razón: no todo es el PIB.

rrg

 

Ivabelle Arroyo

Politóloga

La Sopa

Ivabelle Arroyo Ulloa es politóloga y analista, con 24 años de trayectoria periodística. Es jurado del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en México. Dirige una revista digital sobre política capitalina y escribe para medios jaliscienses.

Lee más de este autor