El Presidente de la República acude a recursos retóricos y trampas para presentar el país en el que quiere vivir y el gobierno que él quiere dejar con la conciencia tranquila. Lo hace apelando a los adjetivos que pasan inadvertidos (no contratamos deuda “adicional”, por ejemplo) e ideologizando las estrategias de gobierno (la refinería es completamente mexicana, nos dijo). 

Pero no me detendré en los recursos tramposos, sino en el reconocimiento de afirmaciones que sí son verdad y que parecen desmentir a los agoreros del desastre. ¿Cómo que vamos muy bien si hemos estado viendo que estamos mal? 

Veamos. Tomemos la dimensión económica. El Presidente se congratula porque el peso no se ha devaluado, porque el empleo creció, porque hay reparto de dinero entre los más pobres, porque la economía va para arriba. ¿Podemos negar sus afirmaciones? No. Lo que dice no es falso por ninguno de sus lados. ¿Significa eso entonces que la oposición, el Coneval, el INEGI y el IMCO mienten? No, tampoco.

Cómo que no, dirá más de algún perspicaz. Una de dos, o el Presidente miente o mienten los que ven el escenario negro. 

Y no. No siempre las verdades aparentemente contradictorias lo son en efecto. Es perfectamente posible que se haya registrado a más trabajadores ante el IMSS y que tengamos más desempleo, pues las estrategias del gobierno federal funcionan en un contexto de crisis y no han resuelto esta crisis. La han podido administrar. En otras palabras: a los opositores hay que decirles que esto podría ser peor y al ufano Ejecutivo hay que recordarle que no sólo no se ha resuelto el problema sino que seguimos en el escenario crítico. 

También es perfectamente compatible que el Presidente diga que nunca se había invertido tanto en el rescate de las instalaciones de Pemex (es verdad) con el análisis de los críticos que ven una industria en decadencia. Sí se le ha inyectado dinero. No hay resultados positivos aún y la deuda sigue creciendo. 

Que nunca haya habido tantos programas sociales para los más vulnerables no tiene que ser falso para que sea verdadero que hoy hay más pobres que antes. Los hay y el dilema no resuelto es si los programas sociales están paliando un escenario que podría ser peor o están sirviendo absolutamente para nada. 

El Presidente dice que la economía, felizmente, crece. Sería mucho más apropiado decir que salió ya de terapia intensiva y se recupera, no que crece, pero si comparamos los desempeños de este año con el anterior, no podemos decir que el presidente miente. Sí, sí tiene más glóbulos rojos. ¿Engañan entonces quienes advierten desaceleración general? 

No. Las afirmaciones que salen del altavoz de palacio y las que emiten aquellos a quienes el de palacio vería como críticos, no son incompatibles, son complementarias, y el deber de reconocerlo recae primero en el titular del Ejecutivo. No por tranquilidad de conciencia, por claridad en la información, por honestidad con el informe sobre el estado de la administración y el país.

Pero ni a él ni a los anteriores se le da eso de juntar las realidades y mostrar la complejidad de su encomienda. No nos quieren decir que la economía crece para informarnos acto seguido que hay desaceleración. No dirán que se pierden empleos cuando presumen que se ha registrado a un número interesante de trabajadores en el IMSS. Nunca pondrán en el mismo párrafo que primero están los pobres en la estrategia gubernamental y que hoy hay más pobres que antes. 

No, no se les da la complejidad. No cabe duda de que no entienden la diferencia entre la virtuosa costumbre de levantarse temprano para trabajar con ahínco y la aséptica evaluación de resultados. 

Ivabelle Arroyo

Politóloga

La Sopa

Ivabelle Arroyo Ulloa es politóloga y analista, con 24 años de trayectoria periodística. Es jurado del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en México. Dirige una revista digital sobre política capitalina y escribe para medios jaliscienses.

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