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No hay causa perdida
La historia reciente de Colombia nos aporta uno de los mejores ejemplos de que cualquier problema humano tiene una solución humana.
La historia reciente de Colombia es el mejor ejemplo de que cualquier problema humano tiene una solución humana. Así lo demostró el expresidente Álvaro Uribe Vélez durante los ocho años de su gobierno (del 2002 al 2010) y así lo explica en el libro que recoge sus memorias y que se presenta esta semana en nuestro país.
En el 2002, Colombia sufría el flagelo que provocaba el tráfico ilegal de la cocaína y el terrorismo. Muchas personas, dentro y fuera del país, creían que no había solución a aquella lista de problemas que parecía interminable. Álvaro Uribe fue capaz de revertir esta decadencia con una entrega total que, como él describe, siempre estuvo impulsada por el amor a su país.
Fueron tres las políticas fundamentales a las que el Presidente Uribe llamó triángulo de confianza: seguridad democrática, política de inversión y cohesión social.
Los logros obtenidos sobrepasaron cualquier expectativa. En un periodo de ocho años, los secuestros se redujeron en 90%, pasando de más de 3,000 a 282 al año, la tasa de asesinatos se redujo a la mitad y los homicidios de civiles inocentes, entre ellos dirigentes sindicales y periodistas, bajaron drásticamente.
En el frente económico, los inversionistas regresaron a una Colombia más segura, se duplicó la tasa promedio de aumento del PIB y alcanzaron tasas de crecimiento de casi 7 por ciento. La inversión extranjera se duplicó y las exportaciones se triplicaron.
Se negociaron nuevos tratados de libre comercio con Estados Unidos, Centroamérica, Canadá, la Unión Europea, Mercosur, China, India y el turismo se dinamizó considerablemente.
El liderazgo de Álvaro Uribe fue determinante para que todo esto sucediera. Su decisión de enfrentar a los terroristas y resolver los problemas más graves del país, su apego a los valores democráticos, su congruencia, pasión y coraje... Desde el primer minuto de su gobierno, la prioridad fue recuperar la confianza de los ciudadanos y así lo hizo con gran responsabilidad y lealtad.
Buena parte del éxito fue siempre decir la verdad con todos los detalles, aceptar todas las críticas como válidas, aprender de ellas y nunca ceder en la lucha en contra de los terroristas. La transparencia fue siempre su aliada, pues asegura que ésta debe prevalecer sobre todas las consideraciones políticas.
En palabras del propio Álvaro Uribe, cuando hay amor hay entrega y, entonces, hay eficacia y puede concluirse que no hay causas perdidas.
armando.regil@eleconomista.mx