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Opinión

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Nacionalismo low cost para políticos demagogos

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

El brillo de las banderas terminará por ser votado en las elecciones españolas del 28 de abril. Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal le agradecen al presidente mexicano su contribución o injerencia involuntaria, a la batalla electoral que protagonizan sus respectivos organismos: Partido Popular (PP), Ciudadanos (Cs) y Vox, respectivamente, en su intento de sacar a Pedro Sánchez (PSOE) de la Moncloa.

El candidato que demuestre que sea capaz de entregar su inteligencia a cambio de convertirse en rehén de las banderas, ganará. Prometer nacionalismo tipo America first es más barato que mejorar la condición de vida de los ciudadanos.

Lo vimos hace tres años en la votación del Brexit, y hace dos con Trump ganando el Despacho Oval de la Casa Blanca; vimos a Bolsonaro pirateándose la campaña de Trump para entrar al Palacio de Planalto, y a Erdogan convirtiéndose en sultán para conjurar los demonios kurdos.

El presidente mexicano no sale del país y vende el avión del estado bajo la bandera de: “La mejor política exterior es la política doméstica”, sofisma retórico convertido en eufemismo con el que cubre su desinterés por el mundo.

El algoritmo de Amazon es el único que supera en eficiencia al algoritmo de las banderas, es decir, al que azuza los sentimientos desbocados por el país de origen.

“Asistimos a una revolución global de la gente corriente”, le dice Steve Bannon a El País. Es la oclocracia, el gobierno de la masa (virtual, que se alimenta de los escándalos y de las quejas de las redes sociales), la que asistirá el próximo 12 de octubre al monumento a Colón para maquillarlo de jitomates y, si puede, para mutilarle los miembros.

Desde el 2006 España es rehén de una batalla entre nacionalistas. Rajoy llevó el Estatut, aprobado por dos parlamentos y por las urnas, al Constitucional para rebanarle parte de su esencia protocolaria y no vinculatoria: “Cataluña es una nación”. Años después, llega el castigo vengativo a la presidencia de Cataluña: Quim Torra, un supremacista que no representa a todos los catalanes. Su misión es parar el reloj de Carles Puigdemont.

Pedro Sánchez llegó a la Moncloa con el voto de los partidos catalanes a favor de la moción de censura contra Rajoy, y convoca las elecciones del 28 de abril debido a que los mismos catalanes no le quisieron aprobar el presupuesto.

El 11 de febrero, Casado, Rivera y Abascal, juntos en la ya famosa “Foto de Colón” revelaron el concepto de la campaña electoral: nacionalismo. Los papeles se distribuyen. La ultraderecha de Vox fija las coordenadas que seguirán Casado y Rivera, Ciudadanos pierde vuelo por las múltiples identidades de Rivera y el PP no logra aterrizar después de bolsas de aire que heredó de la corrupción.

La carta

En el monólogo político mexicano, a López Obrador se le hizo fácil lanzar una piedra a España para despertar los sentimientos de los nacionalistas (mexicanos y españoles). Fórmula de Steve Bannon, el personaje franquicia cuyo máximo deseo es contribuir con el debilitamiento de la Unión Europea.

Cuando Claudia Ruiz Massieu viajó a Egipto como secretaria de Relaciones Exteriores para reclamar al general golpista Al Sisi la muerte de varios mexicanos durante un bombardeo, el también presidente egipcio publicó una carta en Facebook para solidarizarse con los familiares de las víctimas de la guerra contra el narcotráfico. Ahora, con el tema de la carta en la que López Obrador reclama a España un perdón, en la prensa española se publican escenas similares a la que vivió Ruiz Massieu. El propio Vargas Llosa fue claro. López Obrador “tendría que haberse enviado la carta a sí mismo”.

Federico Jiménez Losantos, profesional de la provocación en los medios de derecha española, comentó ante los micrófonos de EsRadio: “Hay una cosa que me saca de quicio. Él habla (en referencia al presidente Obrador) de lo que ahora se denominan derechos humanos. No se denominarían así sin los españoles. Sin España, no existiría el derecho de gente ni los derechos humanos. Porque existía la noción, católica que viene de Santo Tomás (...) de la parte escolástica que intenta conciliar la fe y la razón, pero sin el testamento de Isabel la Católica. Sin toda la tarea de la Escuela de Salamanca (...) no existiría ni siquiera el concepto (de derechos humanos)”.

Conclusión

La política exterior de López Obrador le ha dado un giro a lo visto hasta no hace mucho tiempo. La “neutralidad” con Venezuela es algo más que un abrazo al dictador Maduro. Ahora, como estrategia de su política doméstica, lanza una piedra a España de manera estéril.

Después de su visita a México, Pedro Sánchez regresó preocupado a Madrid. El clima para las inversiones de su país en México no necesariamente será el mejor durante los próximos cinco años.

Demasiado nacionalismo de bajo costo y poca diplomacia.

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Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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