Mexicanos en EU siguen las conferencias de prensa de AMLO

En Estados Unidos viven casi 13 millones de mexicanos y 26 millones de descendientes de connacionales, según el Anuario de Migración y Remesas BBVA 2019.

Por eso, sorprende que no se haya logrado consolidar un programa nacional para vincular con México a las comunidades en el exterior. El primer programa con esa función se creó en 1991 de forma precaria, para convertirse en el 2003 en el Instituto de los Mexicanos en el Exterior, con funciones y presupuesto limitados.

El Consejo Nacional para las Comunidades Mexicanas en el Exterior que Fox improvisó ese mismo año, juntando a nueve secretarías de estado, jamás sesionó.

Hoy esa vinculación se divide en una serie de programas estatales y federales, creados en coyunturas del instante y con objetivos a corto plazo. En una palabra, son programas asistenciales a los que les falta el genuino interés de trabajar codo a codo con las comunidades mexicanas en el exterior.

¿Cómo entender esa falta? En parte, debido a la dificultad de asumir el fracaso del proyecto nacional de México en los últimos 30 años, excluyendo a millones que se vieron forzados a emigrar, por la falta de oportunidades y la violencia. También, por la dificultad de admitir como iguales a esos emigrantes que en buena parte son de origen humilde y no hablan español como en las ciudades, aunque su poder adquisitivo sea hoy mucho más alto que el promedio en México.

El racismo y el clasismo de nuestras élites, aunados a la falta de autocrítica de un modelo nacional fallido, entorpecieron la consolidación de un modelo fuerte de vinculación con la diáspora mexicana.

Respecto a estas dos explicaciones, el perfil del presidente López Obrador es fundamental: es la primera vez en décadas que tenemos un gobernante ajeno a la élite neoliberal y crítico de ella, que elogia al extremo la vida campesina y popular. Hace unos meses, 30% del público en redes sociales de las conferencias matutinas del presidente estaba ya en Estados Unidos (estadística Youtube). El presidente “conecta” con las comunidades mexicanas en Estados Unidos.

Obviamente, la empatía no es suficiente. Hace falta tener por fin un plan nacional de atención a las comunidades mexicanas en el exterior, que consolide esa empatía en un modelo de cooperación horizontal e inclusivo. Lo primero es entender que los mexicanos en Estados Unidos ya no son “nuestros migrantes”, sino una gran fuerza política y económica, nuestros iguales e incluso nuestros mejores aliados en Estados Unidos. Lo segundo será actualizar los programas federales y estatales destinados a mexicanos en el exterior, hoy descoordinados, juntándolos en un plan transversal. Lo tercero será establecer proyectos clave: intercambios educativos masivos, modelos de inversión regional y un programa de atención integral a mexicanos retornados.

Si México entiende la oportunidad que tiene enfrente, estos serán grandes años para la relación con los mexicanos en el exterior. Si no, reinará la inercia del elitismo diplomático y el asistencialismo testimonial que, dando buena conciencia a nuestras élites, han dejado en el limbo la relación con nuestros mejores aliados.

*Director del Instituto de los Mexicanos en el Exterior.