En Wall Street se dice que los mercados financieros se mueven por dos emociones muy poderosas: el miedo y la avaricia. Ante la incertidumbre e inestabilidad que estamos viviendo en el mundo, ambas emociones se intensifican y podrían generar un problema mayor. México no es la excepción.

El país está a punto de cerrar el año con un peso que pierde valor, el precio del petróleo a la baja y un crecimiento económico mediocre entre 2.1 y 2.4%, según las últimas estimaciones de México ¿Cómo Vamos? (durante el tercer trimestre apenas fue de 0.5 por ciento). Aunque las expectativas de crecimiento fueron disminuyendo conforme pasaban los meses, la turbulencia social y política, consecuencia de una serie de errores y omisiones sistemáticas, abonó a que el escenario gris se tornara casi negro, salpicando también la economía.

En los últimos días hemos observado una sobrerreacción como consecuencia de la debilidad política y la crisis de confianza. Muchos inversionistas están dejando de lado múltiples proyectos o, peor aun, están sacando su dinero. Ante la incertidumbre prefieren liquidez.

El peor enemigo de la inversión es el miedo. El problema es que empieza por ser mera especulación, pero las reacciones anticipadas y consecutivas lo convierten en realidad. Tal como afirma Roberto Salinas, el miedo no fundamentado que genera pánico se convierte en el gran enemigo del equilibrio patrimonial y del proyecto de inversión estable.

En esta coyuntura se genera una transferencia de recursos de quien menos tiene a quien tiene más. ¿Por qué? Quien tiene poco y prefiere liquidar realizando una pérdida transfiere sus activos a quien puede comprar y esperar que el panorama resulte más alentador. Finalmente, quienes aguantan son los que ganan.

El problema es que quien tiene más y puede aguantar suele caer en el otro extremo, la avaricia. La inversión es función del retorno versus riesgo y para balancear se requiere no poner todos los huevos en la misma canasta, hay que diversificar sin engolosinarse.

No es conveniente que la bola de miedo y avaricia crezca. En tiempos de incertidumbre creciente y crisis financiera lo mejor es optar por la prudencia.

Resulta oportuno hacer énfasis en el origen de las finanzas y el crédito, que viene del verbo credere, creer, recordándonos que el reto más importante es reconstruir la confianza. Es hora de corregir las debilidades institucionales y de exigir mayor liderazgo a todos los niveles.

Twitter: @armando_regil