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México: ¿pobres pero contentos?
Dicen que los mexicanos somos felices, pero menos desigualdad social haría una nación con niveles más altos de satisfacción.
Sin duda, México libra una batalla contra las malas prácticas, el cohecho, la corrupción y todo aquello que suene, huela o parezca inmoralidad, malo o carente de integridad; pero no cesa la historia de los pesares: violencia, escándalos político-económicos, difamación e insultos públicos, a lo que ahora podemos agregar un panorama electoral complejo.
Sin embargo, dicen que los mexicanos somos felices. ¿Felicidad por decreto o felicidad por milagro? Ninguna de las dos, pero sí estoy convencida de que menos desigualdad social, menor brecha económica, mejor cobertura de los servicios de salud, oportunidades educativas crecientes y más transparencia en la vida pública harían una nación con niveles más altos de satisfacción.
Todos estos factores, así como suficiente empleo digno, harían que la población fuera más feliz o menos infeliz, pues actualmente, según Gallup World Poll, México ocupa el 25º lugar en el llamado ranking de la felicidad.
Combatir la corrupción y buscar la justicia pronta y expedita son expectativas de felicidad para los mexicanos, llevamos décadas intentando; llegan los recuerdos de administraciones federales y estatales en los últimos 50 años pregonando bienestar y justicia (social).
Las nuevas generaciones, Millennials algunas, viven hoy en un mundo más pequeño como resultado de la modernidad tecnológica, con una interacción que les permite ampliar sus expectativas, acabar con la corrupción y la descomposición social y estrechar las diferencias económicas; no obstante, por ahora, viven —vivimos— en un país de contradicciones.
Veamos: de acuerdo con el Foro Económico Mundial, México ocupa el lugar número 15 por el tamaño de su economía y 96.2% de la niñez entre seis y 14 años tiene acceso a la educación primaria; sin embargo, sólo tienen acceso a la educación superior 18.6% de los mayores de 15 años (Inegi) y, de acuerdo con cifras de la OCDE, sólo trabaja 61% de la población de 15 a 64 años, mientras que en Dinamarca, Alemania, Japón, Países Bajos, Nueva Zelanda, Noruega, Suiza y Suecia lo hacen arriba de 74 por ciento.
A eso habrá que sumarle que, de acuerdo con el Índice de Paz Mundial 2017 del Institute for Economics and Peace, en el que México se encuentra en el lugar 142 de 163 países, el impacto económico de la violencia alcanzó 3.07 billones de pesos en el 2016, que equivale a 18% del PIB y representa 25,130 pesos por persona.
Y más aún, en cuanto al informe global de la brecha de género 2017 del World Economic Forum, México ocupa el lugar 81 de 144 países, con una calificación de 0.692, donde 1 significa completa igualdad. No obstante, en ese marco de contradicciones, resulta justo también destacar aquellos datos alentadores a nivel local que alcanzan incluso el carácter de internacional.
Tal es el caso de la unión de 13 países para constituir la Red por la Integridad, un nuevo esfuerzo de combate a la corrupción que preside el Inai y cuya Secretaría la ostenta La Alta Autoridad para la Transparencia de la Vida Pública de Francia. Las interacciones de los miembros de este organismo sirven para progresar en la lucha contra la corrupción y promover la integridad tanto en los países representados como en el resto del mundo.
En este sentido, la Red es una oportunidad para incrementar la visibilidad del organismo mexicano y garantizar un papel de sensibilización y defensa entre la sociedad civil y las organizaciones internacionales.