Los productos orgánicos nacionales están actualmente en una posición privilegiada para su comercialización a nivel global. En México confluyen la tradición y la modernidad: productores con técnicas ancestrales, por un lado, y un marco normativo de vanguardia, por el otro, impulsan tanto la producción como la exportación de una amplia gama de alimentos y bebidas de origen animal y vegetal que no ponen en riesgo la salud del consumidor o el medio ambiente.

México es uno de los mayores productores de orgánicos en el mundo. En el país se destinan más de 1 millón de hectáreas para la agricultura orgánica, de acuerdo a Sagarpa, lo que equivale a la extensión, por ejemplo, del estado de Querétaro; además, está entre las 10 naciones que más hectáreas han destinado en años recientes. Anualmente el país produce 262,000 toneladas de, al menos, 130 productos distintos, lo que convierte a México en el cuarto mayor productor de alimentos orgánicos a nivel global. Asimismo, con 210,000 productores, México es el tercer país con la mayor fuerza productiva en el mundo después India y Uganda. Así, ciertamente, la principal ventaja comparativa del país para producir orgánicos es su gente.

México ha alcanzado estas cifras gracias sus comunidades indígenas, las cuales concentran a la mitad de los productores de orgánicos. Se estima que ocho de cada 10 cultivan en media hectárea o menos, y que la mayoría son mujeres. Aunque no todos los productores indígenas cuentan con una certificación, sí cumplen con elementos esenciales de la agricultura orgánica como evitar agroquímicos y realizar sus actividades de manera sustentable, con el cultivo intercalado o la milpa, técnicas que conservan y aprovechan el suelo, el agua y la biodiversidad, y que reducen la erosión y, por lo tanto, los riesgos de inundación o deslave.

Al mismo tiempo, México cuenta con una Ley de Productos Orgánicos, una de las más avanzadas en el mundo, y con organismos públicos que supervisan el control de calidad, la integridad de la producción y la certificación de los productos orgánicos, siendo los más comunes el café, miel de agave, aguacate, maíz y huevo. Este marco normativo habilita un creciente número de iniciativas que promueven la agroecología, el comercio justo y la agricultura urbana comunitaria, cuyas acciones están enmarcadas por el actual paradigma Orgánico 3.0. No obstante, el país aún enfrenta retos importantes en materia de certificación, ya que solamente 11% de los productores y 1.4% de las hectáreas están certificadas y, por lo tanto, pueden exportar. Ampliar estos porcentajes, incluyendo a los pequeños productores, sería un hito para la industria de los orgánicos en México.

A pesar de estas limitaciones, entre el 2012 y el 2016, México generó exportaciones de orgánicos estimadas en 800 mdd, principalmente a Norteamérica y Europa, regiones que acaparan 90% del mercado, convirtiéndonos así en el primer exportador de América Latina. Incluso, cabe señalar que del total de la producción orgánica mexicana certificada, 85% es exportado y 15% es para consumo doméstico, lo cual indica que la principal demanda se encuentra en el exterior.

hoy en día, el mercado internacional de orgánicos crece a un ritmo acelerado, abriendo oportunidades de negocio para los productores mexicanos. Tan sólo las ventas muestran un crecimiento anual a doble dígito, sobre todo en países desarrollados, siendo una tendencia acentuada por segmentos de mercado como los denominados Millennials, quienes desean consumir bienes más saludables y de origen natural. Así, lo orgánico se posiciona como una plataforma con un dinámico crecimiento, no sólo para producir y exportar productos, sino como un paradigma de sustentabilidad, salud y justicia social, a partir del cual las posibilidades de negocio son ilimitadas. En este sentido, ProMéxico apoya a las empresas mexicanas a identificar oportunidades y cruzar fronteras, orientándolas en todo el proceso de exportación.

*El autor está adscrito a la Unidad de Inteligencia de Negocios de ProMéxico.