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México dice adiós al Consejo de Seguridad
México concluyó el pasado 31 de diciembre su participación como miembro no permanente en el Consejo de Seguridad.
Lo hizo por dos años y su presencia representó un proceso de madurez diplomática debido a las delicadas decisiones que se toman en temas de seguridad.
Vale la pena recordar que de la ONU, el Consejo de Seguridad es el único organismo cuyas decisiones son vinculantes a las leyes de cada Estado miembro, es decir, los países están obligados a cumplirlas por mandato de la Carta de Naciones Unidas.
En lo personal, creo que una de las resoluciones que México copatrocinó junto a muchos países, pero que fue de los que inicialmente la propuso, tiene que ver con el acotamiento del veto.
Cada vez que alguno de los cinco miembros permanentes vete una resolución, pasará en automático al pleno para que sea votada pese a que el resultado de la misma no sea vinculante. Es importante para conocer las posturas de cada una de las naciones que forma parte de la ONU y queden descubiertos los países que priorizan sus intereses sobre la seguridad y la paz internacionales.
El veto, por ejemplo, ha entorpecido soluciones de alivio en la invasión rusa a Ucrania.
“El multilateralismo enfrenta hoy uno de los retos más importantes de su historia. Si no logramos encontrar por la vía diplomática una solución al conflicto en Ucrania, mucho me temo que el multilateralismo va a estar sometido a una crítica implacable por no haber podido prevenir lo que está ocurriendo en Ucrania”, indicó el embajador De la Fuente el pasado mes de mayo.
La creación de Naciones Unidas en 1945 generó grandes expectativas alrededor del mantenimiento de paz y la seguridad internacionales. La presencia de las grandes potencias nucleares en el Consejo de Seguridad como miembros permanentes garantizaba la neutralidad frente a rivalidades entre ellos.
El artículo 51 del capítulo VII de la Carta permitía a los estados miembros adoptar medidas de autodefensa y establecer alianzas, pero siempre bajo la autoridad y responsabilidad del Consejo de Seguridad.
Las expectativas se diluyeron con el inicio de la guerra fría cuando Estados Unidos y la entonces Unión Soviética paralizaron el Consejo de Seguridad.
La parálisis del Consejo de Seguridad tiene que servir como ejemplo para que existan reformas profundas en su interior, particularmente con la figura del veto.
La presencia de México en el Consejo de Seguridad tendría que generar un mayor interés en la sociedad, en la academia y en los medios de comunicación. La presencia representa estar en el centro de las decisiones sobre seguridad y paz internacionales, asuntos prioritarios hoy y en el futuro.
Mi reconocimiento al embajador Juan Ramón de la Fuente por su trabajo.
Para México, y desde hace algunos años, participar como miembro no permanente en el Consejo de Seguridad lo ha hecho madurar, particularmente, a su política exterior.