El escenario internacional se encuentra en una situación delicada. A lo largo de las últimas semanas, hemos visto cómo la estabilidad económica y el orden mundial que conocimos durante décadas, producto de los acuerdos entre países después de la Segunda Guerra Mundial, se han visto sacudidos por el temperamento y arranques de nuestro vecino del norte, específicamente de su presidente, Donald Trump. A raíz de estos hechos, todos nos preguntamos, ¿Hacia dónde va México? ¿Hacia el proteccionismo o de frente al reto global?

La semana pasada, durante la cumbre del G7 —a la que acuden las economías más desarrolladas e industrializadas del mundo—, vimos cómo el mandatario estadounidense rechazó oficialmente el acuerdo que ya habían alcanzado por un “comercio libre, justo y mutuamente beneficioso” y por la relevancia de combatir el proteccionismo.

Sin embargo, esta actitud no es un hecho aislado. Recordemos que a principios de este mes sufrimos la misma situación, cuando Estados Unidos decidió imponer arbitrariamente tarifas y aranceles que desataron una guerra comercial en contra de México y de Canadá, dos de sus principales aliados y con los que mantiene sus más importantes relaciones económicas y políticas.

Mientras que el consenso mundial apuesta por tener un sistema comercial basado en reglas y trabajar para reducir las barreras comerciales así como los subsidios, un resultado tan poco alentador como el de la reunión del G7, especialmente por la posición del líder de la economía más importante del mundo, mantiene con justa razón muy nerviosos a los mercados internacionales. En ese sentido, es bastante relevante preguntarnos ¿qué consecuencias tienen estas decisiones para México?

Todos los países que crecen sostenidamente y con bienestar para la población tienen en común una economía fuertemente basada en su mercado de exportaciones. Así que, hoy más que nunca, debemos analizar seriamente si el modelo económico que proponen quienes pretenden gobernarnos está dirigido hacia el proteccionismo y los subsidios o hacia la competencia y el comercio exterior.

Lo que México necesita para generar trabajo bien remunerado para cientos de miles de mexicanos es poner a trabajar todos los motores económicos en cada uno de los sectores estratégicos que hoy tiene nuestra nación, por ejemplo: el energético, el agroindustrial, el pesquero, el de telecomunicaciones, el de ciencia y tecnología, el de la transformación y el turístico, sólo por mencionar algunos.

México tiene una matriz económica mucho más compleja y diversificada que hace 20 años. Hemos construido una nueva generación de empresarios con conciencia social y humana, pero el potencial de crecimiento aún sigue siendo enorme, tan grande como el tamaño de la población mundial que demanda nuestros productos y nuestros miles de servicios.

Para ello, la única función del gobierno es mantener las condiciones de seguridad nacional, un entorno libre de corrupción, facilidad para hacer negocios y acceso suficiente y asequible al financiamiento para la inversión, todo ello con un importante objetivo: continuar aumentando nuestras exportaciones y el comercio internacional.

Reflexionemos que los países con menor paz social, con menor desarrollo y con los mayores niveles de desigualdad son justamente aquellos que se han tardado más en abrir sus fronteras a la globalización, a la tecnología y al comercio; eso no es lo que necesita México. Así que mi llamado es a no retroceder, es a avanzar decididamente en la ruta económica que ya iniciamos, de frente al reto global que nos tocó vivir. ¡Hasta nuestro próximo encuentro!

*Candidata a diputada federal plurinominal en la Tercera Circunscripción Electoral por el Estado de Tabasco y expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana AC.

Soraya Pérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.