México se convierte en un paria internacional, y en un lastre a los esfuerzos multilaterales en la lucha contra el calentamiento global. Así se margina de la nueva revolución industrial en marcha que tiene como brújula una economía de cero emisiones de CO2 con base en la eficiencia, nuevas tecnologías, y energía limpia y renovable, en un proceso dinámico de crecimiento económico y generación de empleos. El gobierno de México, en una involución irracional, retrocede en el tiempo, destruye instituciones clave, pierde competitividad y confiabilidad como socio comercial y como destino de inversiones, y renuncia a oportunidades históricas de desarrollo sostenible. En los hechos, el gobierno de México repudia sus compromisos ante el Acuerdo de París en materia de cambio climático. Y viola sus propias leyes de Cambio Climático y Transición Energética, así como el Artículo 133 Constitucional, ya que el Acuerdo de París es un tratado internacional aprobado por el Senado de la República.

Y esto es particularmente significativo cuando en estos días se cumplió su quinto aniversario, y cuando el mundo se apresta a reforzarlo y a ampliar sus ambiciones climáticas para alinearlo con las exigencias apremiantes de la ciencia. El Acuerdo de París fue un creativo experimento de acción colectiva multilateral para proteger el bien público global por antonomasia, como lo es el clima del planeta. Desafió escepticismos, ya que se construyó a partir de compromisos voluntarios de reducción de emisiones (Contribuciones Nacionalmente Determinadas, o NDC) sin penalización alguna por incumplimiento. No había condiciones para un acuerdo vertical, obligatorio y vinculante. No obstante, el Acuerdo de París definió que estos compromisos fuesen monitoreados, revisables y escalables cada cinco años. En el contexto del Acuerdo, en días recientes se celebró la Cumbre de Ambición Climática convocada por la ONU, con 70 Jefes de Gobierno y de Estado, y un gran número de directivos de empresas y de organizaciones civiles, con la finalidad de acelerar los compromisos correspondientes. (México, considerado como paria, ni siquiera fue invitado). Más de 50 países escalaron sus compromisos para lograr cero emisiones netas de CO2 hacia la mitad del siglo. China ha sorprendido al mundo refrendando que logrará cero emisiones netas (o neutralidad de carbono) antes del 2060.

Los incentivos son grandes ahora para todos. Es clara una nueva narrativa económica, y que el mundo se dirige hacia una economía de cero emisiones netas de carbono. Avanzar lo más rápidamente posible en este proceso implica enormes ventajas competitivas para empresas y países. Lo saben ya inversionistas y mercados financieros que asumen nuevas metodologías y criterios de análisis de riesgo y rendimiento y de revelación de información climática. Una competencia implacable en nuevas tecnologías genera cada día costos más bajos para energías renovables.

Lograr los objetivos de estabilización climática definidos por la ciencia (IPCC, no permitir aumentos en temperatura mayores a 1.5 – 2 grados centígrados), conlleva reducir a la mitad las emisiones de aquí al 2030, y otro tanto al 2040, para llegar a cero emisiones netas en 2050. Esto exige multiplicar en órdenes de magnitud los esfuerzos, y decisiones radicales que ya se observan: cierre de plantas termoeléctricas de carbón y combustóleo, prohibición de vehículos de combustión interna a partir del 2030, deforestación cero, entre otros. Igualmente es preciso que los paquetes de estímulo económico para mitigar el impacto del Covid-19 incluyan inversiones cuantiosas para una economía limpia y sustentable, como lo planean la Unión Europea con su Nuevo Trato Verde (Green Deal), y el Plan Verde de Biden en Estados Unidos.

Los compromisos de cero emisiones al 2050 deben concretarse a través de planes, instrumentos y políticas en nuevas NDC a ser presentadas en la COP26 de Glasgow dentro de un año. Esta década será crucial para hacer posible un punto de inflexión en la trayectoria de emisiones globales; ello presupone liderazgos excepcionales, y superar poderosos intereses e inercias. Se espera la conformación de un inédito Eje Verde de liderazgo Estados Unidos – Europa – China, el reingreso de Estados Unidos al Acuerdo de París, y la convocatoria de Biden para un gran Cumbre Climática previa a la COP 26 de Glasgow.  Desde luego, en México, el presidente López no entiende nada de esto.

@g_quadri

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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