Finalmente hemos logrado captar la atención del gobierno de EU, desafortunadamente ha sido por la parte álgida de la relación. En efecto, el narcotráfico, la migración ilegal y el comercio de armas, así como la amenaza tecnológica China, son los temas que han provocado que nuestro socio y vecino, muestre un interés como no se veía desde la Segunda Guerra Mundial; en aquel entonces, garantizar el abasto de petróleo y mano de obra eran indispensables para continuar con éxito las hostilidades. Hubo cercanía y acuerdos que no terminaron materializándose con beneficios tangibles de largo plazo para México. En 1994 con el TLCAN, se abrió una nueva oportunidad para avanzar en una relación más contractiva entre ambas naciones que dejara fuera los prejuicios que se tienen. Esta oportunidad, sin embargo, no se aprovechó lo suficiente, sí bien la balanza comercial creció exponencialmente, no logramos llevar los beneficios del comercio libre a los estados del sur como tampoco, salvo pocos sectores, pudimos convertirnos a cabalidad en un engrane imprescindible para el funcionamiento de la economía de Norteamérica. Las oportunidades en el campo de los medicamentos, microcomponentes y, enseres indispensables tanto para el cambio tecnológico como para la revolución de las energías limpias, han quedado fuera. EU no puede seguir dependiendo de China o India para el abasto de sus medicinas, completar sus cadenas de alto valor o el armado de sus autos eléctricos. Lo hemos hecho bien en la industria automotriz y en los productos del campo, pero hemos quedado a deber en la alta tecnología que es estratégica.

En esta oportunidad se vuelve a abrir el espacio para que, ambos países, con el acompañamiento de Canadá e Inglaterra que se suma al comercio libre con EU, establezcamos un relación determinante. Norteamérica no es Europa y, por tanto, no podemos esperar que los socios poderosos nos entreguen recursos de sus impuestos para que hagamos carreteras, hospitales o escuelas. EU no funciona así, menos Canadá, e Inglaterra ya lo hizo en Europa, para impulsar a países como España y Portugal. Aquí no es el caso. Nuestros socios, sobre todo EU, van a demandar que México y ahora Centroamérica permitan sin equivocados conceptos de soberanía, que la inversión norteamericana fluya a la región sin límites para que sean sus compañías privadas y no sus contribuyentes, los que financien el desarrollo regional, elemento fundamental para detener la migración y mejorar las estrategias contra el narcotráfico y el trasiego de armas. EU está atento a México y Centroamérica, pero no con la chequera abierta, sino con la lógica de invertir a través de sus empresas privadas con el añadido, por supuesto, de incluir concesiones a la seguridad regional que podemos ser obligados a cumplir so pena de perder nuevamente la opción de formar parte de una región fuerte ante el mundo que requiere no nada más dinero, sino garantizar altos niveles de seguridad hemisférica y lealtad entre los miembros: ¿estaremos dispuestos?, esa es la incógnita.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.

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