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Opinión

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¿Metaverso humanista?

En una entrevista a Raymond Kurzweil, desarrollador de varios avances tecnológicos, y director de ingeniería de Google aseveró que para el año 2030, los seres humanos pasaremos más tiempo en los diversos metaversos que en la vida real. Este dato no es menor atendiendo a que se estima que sólo para el año 2024, la llamada economía del metaverso, puede suponer una oportunidad comercial de 800,000 millones de dólares.

Sería cándido pensar que este desarrollo tecnológico, al que nos enfrentamos como humanidad, se frenará o que de alguna manera no llegará a nuestras vidas. La idea central del mismo supone una nueva forma de relacionarnos con la tecnología comprendiendo, “innumerables mundos virtuales conectados entre sí y con el mundo físico" según el informe de Bank of America que habla de las 14 tecnologías que cambiaran al mundo.

Sin embargo, muchas dudas se posan alrededor del llamado metaverso. En ellas, las más preocupantes por un lado tienen que ver con la relación del ser humano con dicha tecnología, y por otro, si la construcción de estos desarrollos tiene como centro a la persona o estos sólo la instrumentalizan para potenciar diversos rendimientos económicos.

La preocupación de diversos sectores académicos sobre el acompañamiento de los derechos humanos al desarrollo tecnológico no es menor y es necesario establecer los mecanismos adecuados para que estos la acompañen. No debemos olvidar que la agenda construida por la humanidad en esta materia desde la mitad del Siglo XX, no es una mera declaración de buenas intenciones, o una declaración que sólo se imponga en las relaciones verticales entre gobernantes y gobernados, por el contrario, está destinada para generar condiciones en todo tipo de relaciones humanas incluidas las horizontales como las que se pueden entender entre la industria y la ciudadanía donde el factor gobierno no aparece.

La idea de metaverso no contempla una noción de gobierno como la que conocemos. La organización del metaverso no es pública, es privada, es corporativa y por ende está excluyendo las agendas públicas en donde hemos asentado buena parte de la lógica de los derechos humanos. En ese sentido es imperante dejar de pensar en que la tecnología sólo debe suponer la privacidad por diseño, eso es muy limitado y poco abarcante de los adelante que hoy ya presenta la industria tecnológica y hoy ya tenemos que hablar de “humanidad por diseño” al referirnos a estas tecnologías que están cambiando al mundo.

“Humanidad por diseño” debe implicar de manera imperante que hablemos de neuroderechos, que hablemos de dignidad humana, que hablemos de libertad y sobre todo que la industria entienda que en el centro de todo desarrollo tecnológico deberá estar el irrestricto respeto a la persona humana y no un mero producto, un número, un artefacto. Los metaversos se construyen para generar mejores condiciones de vida para el ser humano no para condicionarlo a que su vida sea un instrumento de consumo.

La exclusión permanente de la agenda de derechos humanos deberá preocuparnos y ocuparnos en los siguientes años. Es necesario impulsar desde la sociedad civil las resistencias necesarias a la lógica de vigilancia y rentabilidad que está imponiendo la industria tecnológica, asegurándonos que la misma sea proclive a entender la importancia de la humanidad en su integralidad, en su dignidad, en su libertad fuera de todo yugo de condicionamientos, sesgos o perfilamientos.

Si el lector considera que este tema le queda lejano, lo invito a que revise las aplicaciones que tienen descargadas en su teléfono inteligente y baste ese ejemplo para entender el impacto que hoy está teniendo en su vida al ser perfilado en sus preferencias comerciales, sociales políticas o de entretenimiento. Ello, sólo es la punta del iceberg cuando hablamos de metarverso. La realidad inmersiva supone el conocimiento total de la persona, de ello se alimenta. Por tal razón, el no articular pronto una agenda más agresiva de derechos humanos frente a la tecnología, sólo quedará hablar de ellos como una anécdota en un mundo pasado, en un mundo arcaico donde los humanos decidían.

**El autor es Doctor en Derecho. Actualmente es director de la Escuela de Gobierno y Economía de la Universidad Panamericana, fue director de la Licenciatura en Gobierno  de la Panamericana. Es integrantes del Sistema Nacional del investigadores de México. Preside la Asociación Coorperación Iberoamericana de Transparencia y Acceso a la Información. Autor, coautor y coordinador de 15 libros en materia de libertades informativas.

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