En septiembre del 2006 cuando Vicente Fox, presidente de la República Mexicana en disfunciones, pronunció su célebre apotegma: Ya bajé la cortina , la actriz Raquel Pankowsky, que había caracterizado a Marta Sahagún (Martita Según) en El privilegio de mandar, inició las presentaciones, en un teatro-bar de la ciudad de México, de un monólogo donde interpretaba a la parte culta y pensante de la sedicente pareja presidencial, titulado Lo que el rancho se llevó.

En la representación, dirigida por Alejandro Springall, se hacía alusión a la inmoralidad y enriquecimiento explicable de Manuel y Jorge Alberto Bribiesca Sahagún: Se ha dicho que mis hijos se hicieron millonarios durante nuestro gobierno. Eso es una mentira. Mis hijos no se hicieron millonarios, se hicieron multimillonarios , decía cínicamente el personaje de la chaparrita de oro.

Exhibida, también, en varias ciudades del país, la sátira política de marras siguió en cartelera hasta marzo –tal vez hasta abril, no recuerdo bien- del 2007.

Lo que sí recuerdo es que cuando Raquel anunció a través de los programas radiofónicos de espectáculos y de noticias los últimos días de la obra y, con ella, la extinción del personaje, un periodista, supuestamente bien informado, le dijo, fuera del micrófono, que había muchas posibilidades de que Marta Sahagún y, por consiguiente, su remedo Martita Según siguieran en la ola del escándalo. Existía un trascendido noticioso de que el gobierno de Felipe Calderón en busca de legitimidad se iba a ir sobre los hijos de la señora Marta, los cuales desde dos años antes eran investigados por una comisión especial de la Cámara de Diputados, que había documentado pruebas sobre la red de corrupción de los entenados del hablantín guanajuatense, al que la señora Marta manejaba con más facilidad que a los inquietos frutos de sus entrañas.

Raquel me comentó lo que le confió el periodista –también columnista de un periódico-. A mí me pareció algo lógico, más aún cuando el señor Fox no había respetado la ley no escrita de el que baila en una, en la que sigue se sienta y se calla .

Lo anterior nos animó a Raquel y a mí a unir nuestros trabajos, ella como actriz y yo como autor; fusionar nuestros capitales y hacernos empresarios.

Produjimos un espectáculo cómico político referente a la probable aprehensión de Manuel y Jorge Alberto Bribiesca Sahagún y la reacción que causaría a su madre y a su padrastro.

La obra estaba lista para ser estrenada y el compromiso de contratación con el teatro iba a empezar a correr pero ni el presidente Calderón, ni el procurador Medina Mora, ni el secretario de Gobernación Ramírez Acuña y, menos, el secretario de la Función Pública, Germán Martínez, daban la orden de echarles el guante a los hermanos bribones.

Con un final alternativo, para cuando apresaran a los carnales gandallas, estrenamos ¡Aaaayyy mis hijos! en el teatro Wilberto Cantón. Obviamente el final alternativo quedó inédito y nuestros bolsillos vacíos.

Tal vez si hubiéramos podido aguantar seis años de fracaso económico empezaríamos a recuperarnos ahora que el nombre de los hermanos cara dura y el de su tío Guillermo suenan como gestores de 54 contratos con Pemex, por un total de 5 mil 929 millones de pesos, para favorecer a la empresa Oceanografía. Cantidad de la que recibieron jugosa comisión a decir de Amado Yáñez Osuna, propietario de la precitada empresa.

Para terminar esta colaboración quiero transcribir el final del primer acto de la obra aludida, cuando la señora Marta le pide a su marido rezar juntos una letanía para que no les pase nada a sus hijos:

Chente: Está bien, cisne, recemos. Señor, ten piedad de nosotros... Marta: Y de mis hijos. Chente: San Felipe Calderón, con tus poderes divinos... Marta:

Acuérdate que nosotros te pusimos en Los Pinos. Chente: Santo Germán Martínez, tú que eres miembro del PAN... Marta: No consientas que a mis hijos los chingue cualquier patán. Chente: Santo Lozano Alarcón... Marta: Tú que estuviste en aquello si no cooperas hay cuello. Chente: Santa maestra Elba Esther, virgen de la cirugía... Marta: No permitas que mis hijos caigan en una crujía. Chente: Santo Norberto Rivera, campanero de catedral... Marta:

Encúbrelos con tu manto como al padre Nicolás. Chente: Santo Ramírez Acuña, mete tus manos al fuego... Marta: Y ampáralos, te lo ruego. Chente: Santo Medina Mora... Marta: Protégelos a toda hora. Chente: Santo Santiago Creel, amo y señor del bingo... Marta: Socórrelos o te chingo. Chente: Santo varón, Jefe Diego, el mejor para la transa... Marta: Defiéndelos con tu lanza. Chente: Santo Roberto Madrazo, santo de buena madera... Marta: Enséñales un atajo para ganar la carrera. Chente: Santo Mario Marín, santo tan amoroso... Marta: Ayúdalos hasta el fin, mi héroe, góber precioso. Chente: Santo Gamboa Patrón, que estás por allá y acá... Marta: Si alguna ley los persigue, dale pa’tras papá. Chente: Santo Carlos Salinas, tú que libraste las rejas... Marta: Tápalos con tus orejas. Chente: Pinches Lino Korrodi, González Schmal y Beltrones... Marta: A ustedes no les pedimos por ojetes y cabrones.

En el escenario se hacía el oscuro y se escuchaba, con reverberación y eco, un grito de Marta: ¡Aaaayyy mis hijos!