La preocupación suprema del momento —inexorablemente candente— es respecto al programa económico del candidato López Obrador. En este espacio hemos venido insistiendo en el paralelismo entre la retórica que predomino durante la campaña electoral de Luis Echeverría (1969 – 1970) y la más reciente de López Obrador. Es notable la coincidencia de los argumentos principales: se necesita un cambio de estrategia y en la anterior no se prestó suficiente atención a las cuestiones redistributivas.

Pero así como hay paralelismos históricos, también existen inmensas diferencias. Una de ellas, que a mi juicio resultará fundamental, es respecto a los márgenes de acción de que gozó en su momento la política económica de LEA y que sin salvación no estarán disponibles para López Obrador. Hay al menos cinco frentes en los que claramente las posibilidades de flexibilidad se presentan muy restringidas: tipo de cambio, deuda externa, espacio para elevar el déficit fiscal y la posibilidad de poder aplicar sorpresa inflacionaria.

Una de las grandes diferencias entre el Desarrollo Estabilizador y la coyuntura actual es que ahora México cuenta con un régimen de tipo de cambio flotante. Cualquier relajación en la indispensable disciplina fiscal y monetaria tardarán muy poco en reflejarse en las cotizaciones, despertando gran inquietud y dando lugar a conductas desestabilizadoras.

El Desarrollo Estabilizador heredó a su modelo sucesor un gran caudal de confianza pública y además un espacio amplio para la contratación de deuda externa. En el presente, ningún gobierno de México, sea quien sea el que lo encabeza, dispondrá de ese margen. La relación deuda externa a PIB se encuentra en niveles muy elevados cercanos a 50% y ahí están, como buitres, las empresas calificadoras acechando en busca del más mínimo desvío. Y para reducir todavía más el espacio, esas mismas empresas y muchos otros observadores institucionales vigilan la marcha de las finanzas públicas. La posibilidad de que, al igual que lo hizo LEA en su oportunidad, AMLO aplique sorpresa inflacionaria es nula.

Un dique de contención adicional está marcado por la autonomía del Banco de México. En la época de LEA no existía esa figura y por eso su administración pudo seguir, al menos durante algún tiempo, una política marcadamente inflacionista, con la cual, incidentalmente, nunca estuvo de acuerdo su primer ministro de SHCP, Hugo Margáin. Así que AMLO debería estar pensando ya en alguien con sus características para tan importante cargo.

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico